Uno de los pilares del budismo, la compasión, está de moda en occidente, en esta ocasión a colación de una de las entrevistas que hicimos en Ecocentro TV, en el programa Ecos del Cambio, queremos hablaros de la compasión en nuestra tradición occidental, en el cristianismo.

Si somos capaces de atravesar las barreras ideológicas que nos impiden ver la perla de una de las tradiciones que pivota más claramente sobre la ley del amor, y dejar a un lado la ostra, con sus feas rugosidades, adherencias extrañas del océano de la vida, que hacen a muchos denostar sus propias raíces, entenderemos porque el propio Dalai Lama siempre incita a sus monjes a aprender de la compasión cristiana y tomar buen ejemplo de su capacidad de amar incondicionalmente.

La caridad parte de la verdad de que el prójimo no es otro que uno mismo, que el bien  hecho al prójimo nos purifica de la ilusión egoísta y nos libera virtualmente de ella cuando se realiza pensando en Dios, con humildad o desaparición.

Para ser verdadera caridad tiene que haber una actitud profunda de desapego y desinterés, no podemos dar con la mano derecha, esperando llevarnos algo con la izquierda, pues sería como un regalo hecho por un ladrón; no necesitamos recompensa ni alabanza ni elogio por lo que hacemos a otro ser, porque todos los cuerpos son nuestro propio cuerpo y hemos de ser conscientes que lo mejor que podemos dar de nosotros mismos viene de Dios.

Marisa Magaña, en esa entrevista que podéis ver en nuestra web, nos habla de el centro de Escucha San Camilo, un centro de orientación psicológica (counselling) y de acompañamiento emocional para los más pobres y excluidos, perfiles humanos donde el sufrimiento de la soledad, la perdida de un ser querido o las dificultades en la relaciones se hacen más dolorosas por la falta de capital social y humano.

Está atendido por voluntarios que están formados en duelos complicados, cuya herramienta terapéutica es la relación de ayuda, la escucha activa con todo lo que somos, para intentar seguir el consejo de Shakespeare: “dad palabras al dolor: el dolor que no habla gime en el corazón hasta que lo rompe”.

Y una se pregunta, que hace a alguien bajar al lodazal de los desheredados, de los marginales y contrariar los intereses propios y cómo hacer para que ese lodo no te manche el corazón enternecido…. Quizás es porque el hombre tiene algo completamente sobrenatural en él que le permite trascender el lodo y convertirse en loto, o porque como han dicho tantos santos hay más dicha en dar que en recibir, pues para dar algo real que sane de verdad, uno ha de dejarse vacío de su amor propio, para que Dios pueda soplar a través de él, como el viento en la flauta, Su Amor enternecido ante el dolor de los más pobres.

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Y ese vacío y esa plenitud del viento del Espíritu que sopla con misericordia a través del hueco dejado produce tal dicha que uno ya no necesita gozar de ningún tesoro externo a esa copa vacía, en la que se escancia el vino del Amor Divino.

Con Ecos del Cambio, Ecocentro quiere traer las buenas nuevas que suceden a diario en nuestras vidas, y que no interesan a los grandes medios de comunicación, expertos en la desdicha sin solución. Iniciativas a las que podéis sumaros, comprometiéndonos con las personas y organizaciones que ayudan y estimulan a cambiar hacia un mundo mejor, e iniciar con ello, la revolución que nos ha quedado pendiente en tantos frentes (económico, energético, medioambiental, alimentario, sanitario, espiritual…) y que nadie va a hacer por nosotros.

 Beatriz Calvo Villoria

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