El mundo civilizado ha entrado en una profunda crisis, en un sinsentido del que cada vez más personas se sienten motivadas a encontrar una salida. La forma de vida predominante actualmente, se ha creado a partir del pensamiento conceptual, fragmentado y desconectado de la sacralidad de la existencia, fruto del cual surgen comportamientos dominados por la avaricia y el miedo y una vida asolada por terribles e interminables conflictos, sufrimientos y enfermedades. Ya no se trata sólo de sobrevivir, incluso hasta esto parece estar en juego, sino de darnos cuenta que el sentido de estar presente en este momento de evolución en nuestro planeta, es disfrutar de la posibilidad única de llevar a cabo la más valiosa aportación que un ser humano puede hacer con su vida: dedicarla a su evolución espiritual para permitir florecer a nivel individual y colectivo una nueva conciencia.

Si es el sistema vigente de pensamiento, tremendamente disfuncional, que hemos heredado como una grabación que domina nuestra mente, el que nos ha llevado a un mundo donde hemos perdido hasta el contacto con la autenticidad de lo más simple, un mundo en el que ya no sabemos ni lo que comemos, ni por qué corremos sin descanso durante todo el día para conseguir objetivos que no nos satisfacen,  comprando cosas que no necesitamos, inmersos en relaciones conflictivas, adictos a sustancias, medicamentos, actividades obnubilantes, dominados por un estrés que nos consume, está claro que sólo dando a luz una manera nueva de pensar, seremos capaces de crear un mundo muy diferente.

Ahora vivimos una época que nos ofrece un reto y una oportunidad única, un momento que muchas tradiciones indígenas de diversos lugares del mundo la han llamado el final de un gran ciclo y el comienzo de una nueva era de evolución en la humanidad. Este momento es único porque por primera vez en la historia del planeta, los seres humanos tenemos la posibilidad de experimentar una transformación interna, despertando a un nuevo estado de conciencia individualmente, y al mismo tiempo materializarla externamente, en una nueva forma de vivir que se vaya extendiendo como una gran red, sobre la que se apoye una nueva civilización, regida por la armonía, la cooperación, la creatividad, la sostenibilidad y la paz. Numerosas comunidades y organizaciones humanas basadas en estos principios, están aflorando en diversos lugares del mundo y son ya una realidad palpable de una forma de vida más armoniosa y satisfactoria a todos los niveles. Son proyectos pioneros que pretenden ser un modelo a seguir y que han desarrollado aquellas personas que han optado por aportar su trabajo, ilusión y creatividad en construir sus ideales, en lugar de seguir enfocando sus mentes en la desilusión, la queja y la desesperanza.

El pensamiento que brota de la mente que ha descubierto la dimensión sagrada del silencio trascendente, es un pensamiento creativo, que surge apropiado a cada momento, respondiendo a los retos que plantea cada situación concreta, orientado fundamentalmente a encontrar soluciones, puntos de encuentro, capaz de aprovechar las diferencias para su mayor riqueza y variabilidad. Un pensamiento que no se estanca, que armoniza y engloba,  y que se utiliza como un instrumento de una Inteligencia mucho más vasta e inmanifestada, a la que reconoce como su única fuente y su lugar de inspiración y con la que se siente conectado en lo más profundo.

Tenemos la tarea de desprogramar el viejo pensamiento disfuncional y dejar así un espacio de silencio, para que la inteligencia evolutiva que rige el cosmos, nos haga partícipes a cada uno de nosotros, a su manera, como piezas vivas e indispensables de una totalidad holística, del nacimiento de una nueva conciencia planetaria.

 

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