El crimen de la belleza artificial

“La belleza no es un crimen. Este es el único concentrado de vida que devuelve la juventud a tu piel. Involúcrate por la belleza real, únete para el desarrollo de la autoestima”.

Los reclamos publicitarios de las grandes multinacionales de la cosmética son cada vez más finos, sibilinos, más conocedores de la frágil psicología de los hombres contemporáneos, necesitados de una pertenencia a una extraña civilización que ha puesto en la belleza externa y en  mitos como el de la eterna juventud el sustituto de una belleza que es el esplendor de una verdad que abre la puerta a la verdadera felicidad genuina.

La cosmética, la actividad de adornar, lavar, perfumar o repintar las estatuas de los dioses de los antiguos griegos ha ido perdiendo como todo, en el camino del tiempo, su relación con el cosmos, el orden bello que rige el universo y se ha convertido en un objeto de consumo que promete falsamente en sus anuncios la felicidad perdida, por los años, las arrugas, las imperfecciones de la piel, defectos de lo humano que no son admitidas en una sociedad del espectáculo, de la máscara, del engaño, del felicismo artificioso basado en una imagen.

Una industria poderosa ha encontrado en la insatisfacción y en el miedo a envejecer de una cultura que detesta ese proceso, pues es la antesala de la muerte que también niega, un nicho de mercado jugoso y no tienen ningún escrúpulo en potenciar esa debilidad con sus malas artes publicitarias ni en utilizar en sus productos todo tipo de tóxicos que día tras días penetran el órgano más extenso de nuestro organismo.

La industria cosmética ha convertido a la piel, la primera línea de defensa de nuestro organismo contra los elementos del mundo externo, en la puerta de entrada, ya que es semipermeable, a una batería ingente de compuestos químicos, algunos declarados por estudios como altamente tóxicos por su capacidad de tener efectos irreversibles, como cáncer o daños genéticos y porque no se eliminan ni se metabolizan y, por tanto, se acumulan en el cuerpo (sustancias químicas bioacumulativas y persistentes). Para el doctor Miquel Porta. “Los efectos de los compuestos tóxicos  persistentes a dosis ‘bajas’ pero constantes, a lo largo de toda la vida, son reales: infertilidad, endometriosis, malformaciones congénitas, problemas de desarrollo y de aprendizaje, alteraciones hormonales e inmunológicas, diabetes tipo 2, promoción de cánceres, genotoxicidad indirecta y epigenética, enfermedades neurológicas…En algunas dolencias es probable que la exposición durante toda la vida a dosis ‘bajas’ tenga mayor relevancia causal que la exposición breve a dosis altas. Es difícil pensar en otro proceso que sea a la vez tan global y multidimensional”.

Si tenemos en cuenta que una mujer puede utilizar a lo largo del día hasta 25 productos cosméticos diarios,  que van desde el gel de ducha e íntimo, champú, dentífrico, desodorante y perfume, hasta toda la cosmética decorativa (laca de uñas, maquillaje, barra de labios, mascarás y sombras de ojos, tónico, desmaquillante, etc.), pasando por cremas hidratantes, antiarrugas, de manos, leche corporal, anti-celulíticas, protección solar, etc. Estaríamos ante unas 9.000  aplicaciones anuales de elementos nocivos de un peligroso cóctel explosivo.

Mientras somos capaces de presionar a nuestros gobiernos para que no se dejen presionar por los lobbies para hacer leyes laxas con los tóxicos y que además no se respetan tomemos nota de los elementos químicos más utilizados en la cosmética convencional, para retirarlos de nuestra bendita y agredida piel.

La invasión de los extraterrestres

En todo cosmético y productos de aseo personal encontramos distintos componentes como el excipiente, principios activos, colorantes, conservantes, antioxidantes, antimicrobianos, perfumes, correctores del pH, espesantes, solubilizantes, emulgentes, suavizantes, secuestradores de iones metálicos, etc., y en cada uno de ellos puede haber varios elementos o compuestos químicos.

Excipiente. Representa la base del cosmético y está producido a base de  los aceites minerales que se obtienen de los residuos de la destilación del petróleo como parafinas y vaselinas o las derivadas del silicio como las siliconas. Sobre la piel actúan por oclusión, taponando los poros e impidiendo la transpiración y evitando así la pérdida de agua. Son verdaderos extraterrestres que el cuerpo no puede ni transformar ni eliminar y se acumula en órganos como hígado, riñones y sistema linfático entre otros. Son cancerígenos. Búscalos como paraffinum liquidum, petroleum….

Formaldeidos y derivados (conservantes)
Declarado cancerígeno ya no se utiliza como tal si no sus derivados supuestamente menos peligrosos. Fíjate en los ingredientes como diazolidinil urea y en la siglas DM como conservante quimico. El Quaternium está presente en los champús Johnson baby.

Los Ftalatos (disolventes, fijadores)
Se usan en cremas, esmaltes de uñas, lacas de pelo, desodorantes, etc. Actualmente, varios de estos compuestos no están permitidos en la formulación de cosméticos como el BBP, DEHP y DBT, pero siguen utilizándose el DEHP y el DMP, especialmente en la elaboración de perfumes. Se se sabe que interfieren el funcionamiento del sistema hormonal y reproductor, incrementando el riesgo de padecer cáncer en la mujer. Son especialmente peligrosos durante el periodo de gestación. Los ftalatos flanquean desagües y depuradoras llegando a los mares donde asimilados en el organismo de algunos tipos de peces e imitando la acción de una hormona, consiguen que algunos machos de los mismos cambien de sexo.

Los Parabenes (conservantes)
Tras encontrarse restos de estas sustancias en muestras de tejido afectadas por cáncer de mama, han empezado a considerarse peligrosos, siendo actualmente evitados por muchos fabricantes.

Los Nitroalmizcles y policiclínicos (fijadores)
Son sustancias químicas sintéticas que vienen a sustituir a los almizcles naturales utilizados como fijadores en los perfumes. Se acumulan en el organismo y pueden llegar al bebé a través de la leche materna. A pesar de que afectan a nuestro sistema hormonal por su toxicidad, la legislación los acepta si no se superan ciertas dosis. Atentos a ellos y a otros como AHTN Y HHCD con consecuencias similares para la salud. 

Los PEG o polietilenglicoles (emulgente, detergente)
Presentes en los detergentes con esas siglas PEG o par las letras eth contienen dioxinas que son residuos tóxicos que se han asociado con la aparición de cáncer y defectos congénitos. Atención al Sodium Lauryl Sulfate muy irritante y en el 90 % de los champús y dentífricos. Se almacena en corazón, hígado, pulmón, cerebro y ojos. Afecta al sistema inmune y modifica los genes. Una bomba.
Combinaciones explosivas
Revisa las etiquetas y si en tu producto aparece triethanolamine y también bronopol o bronidox, pueden generarse nitrosaminas, las cuáles son cancerígenas. También pueden generarse por la combinación de aminas con Sodium Lauryl Sulfate o Sodium Laureth Sulfate.

Otros peligros son el mercurio, neutóxico, en los maquillajes y desmaquillantes. El Talco en maquillajes y polvos para bebes, preservativos, lo que provoca fibrosis en las trompas de Falopio e infertilidad. El dioxano en el 50 % de los cosméticos. El DEA presente en más de 900 productos cosméticos y del hogar y miles de sustancias más que han soltado a nuestras vidas irresponsablemente como el cloruro de banzalconio, tensioactivos aniónicos, cocoamidropropyl betaína. TEA compuestos, Triclosan…

Los extraterrestres han invadido la tierra y nuestras pieles. Despierta.

Beatriz Calvo Villoria

ComparteEmail this to someoneTweet about this on TwitterShare on Facebook0Share on Google+0Share on LinkedIn0Pin on Pinterest0