Nos encontramos ante una crisis de civilización: crisis ecológica, crisis energética, crisis alimentaria, crisis climática, crisis social,  crisis financiera, crisis de valores….. Crisis espiritual. Cualquiera de estas crisis está unida a la otra, como en un dominó de la desgracia la caída de una de las facetas del sistema arrastra a la otra. La crisis de alimentos muestra por ejemplo el fracaso social, ambiental y energético del sistema. En lo social: hambre e injusticia por la conversión del derecho al alimento en mercancía, privatizando los recursos esenciales del hombre, semilla, agua y tierra. En lo ambiental cambio climático por una industria antinatural que ha trasformado la sinfonía precisa del Planeta Tierra, y en lo energético por su dependencia atroz de una energía subterránea y oscura que ha desplazado a la energía solar que le corresponde al hombre. Como en el señor de los anillos Mordock avanza asolando la tierra tejiendo sombras y tinieblas. Unas cuantas transnacionales lo simbolizan gobernando el mundo. ¿Dónde está el nuevo David que venza a este nuevo Goliat, el Gigante neoliberal de libre mercado?

Desde los tiempos bíblicos David ha simbolizado un aliento de rebelión que ha soplado para el pequeño, el apacible y el justo. Con una sola piedra derribó al gigante; dice San Agustín que esa Piedra era la palabra de Dios, una palabra que desciende del cielo recordando a los hombres la Unidad de Todo con la argamasa del Amor. En Cada ciclo lo sobrenatural abre una brecha en la historia del hombre e interviene por ese Amor, recordándole su divinidad. David pequeño y fiel es solo el puente por el que se derrama la misericordia y es la propia espada de Goliat la que lo degüella, pues el mal es abatido por su propia maldad.

Todo aquel que dedique su vida a recordar quien es su Yo más íntimo, que recorra el camino de vuelta a casa, que deje el hueco para que lo que Es ocurra, se convierte en canal entre el cielo y la tierra para sus hermanos,  la santidad no es más que un vacío dejado para que el torrente se derrame. El desalojo de ese Goliat que todos llevamos dentro se hace convocando lo superior sobre lo inferior en un esfuerzo de inteligencia que discierne lo que es real de lo que es ilusorio y en un esfuerzo de la voluntad por concentrarse solamente en lo Real, así desaparece la ilusión de que Goliat exista siquiera. La crisis nos empuja a ir más hacia al interior, a descubrir el reino escondido, es un escenario perfecto para la conversión de la mirada. Libres podemos retornar al mundo y ejecutar nuestro sonido en armonía con la música de las esferas.

Beatriz Calvo

Directora EcocentroTV

 

 

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