El Yoga es un camino interior, invisible y que no se puede medir.

El yoga no son sólo estiramientos y culto al cuerpo. O al menos el yoga tradicional no es sólo eso. Bajo mi punto de vista cualquiera puede practicar yoga sin importar el motivo. Ya sean más o menos elevados, todos los motivos son aceptables y es el yoga bien enseñado el que se encarga de direccionarte sin que tú te des cuenta. Eso sí, nadie te podrá decir que tu nivel es de principiante, intermedio o avanzado. La evolución en la práctica del yoga es un acto íntimo, donde sólo tú sabes, si eres honesto, si estás avanzando, retrocediendo y en que momento de experiencia vital te encuentras.

Yo soy el máximo defensor de que el yoga se debería expandir como las peluquerías o las tiendas de comestibles. Debería de existir una en cada esquina y cuantas más mejor. No apoyo a las personas que dicen que “no todo el mundo está capacitado para enseñar yoga”. Nunca he creído en las limitaciones de talento y de ser. Eso sí, ahora que el yoga se ha convertido en moda, que está en auge, es responsabilidad de los profesores de yoga y de los alumnos el profundizar en la práctica y llevar al público que comienza a practicar, un yoga menos edulcorado y que impulse a la sociedad de hoy en día a auto explorarse y auto conocerse como herramienta de cambio social, política, sistémica y que trabaje hacia una unión de los intereses comunes del pueblo. La gran cantidad de escuelas de yoga no es el problema, si no la calidad y el nivel de profesionalismo con el que se enseña.

El Yoga no es un producto del sector servicios.

 No es que todo el mundo no pueda ser profesor de yoga, es que el yoga no pertenece al sector servicios. Es educación de vida e intentar que el alumno siempre se sienta bien como si fuera un cliente de una cafetería o el que va a comprar al corte inglés, es un insulto para el gremio y para el avance del propio alumno.

El yoga físico (la práctica de asanas) es una exploración psicosomática de los puntos corporales donde se experimenta contracción – libertad y su relación con la manera en la que vivimos nuestra vida. Con la práctica de las diferentes posturas se explora esa relación que existe entre el bloqueo y/o libertad física, mental y emocional. La postura física no es la finalidad. Adquirir la forma perfecta tal y como aparecen en los libros puede parecer más o menos difícil, pero lo realmente importante es el aprendizaje que existe para llegar hasta ahí. Ese aprendizaje es a veces bonito y revelador y otras veces nos mostrará cosas de nosotros mismos que no nos gustan.

La calidad de la postura física no sirve de referente para decir si un practicante es principiante, intermedio o avanzado.

Imagínate a dos personas que acaban de empezar a practicar. La primera es mayor, rígida, todo le duele, ha tenido algún que otro accidente  y por lo tanto su cuerpo no está tan abierto. La segunda es una persona joven que desde el primer momento todas las posturas le salen a la perfección, no le cuesta hacer casi nada y su nivel de flexibilidad es muy elevado.

Si nos dejamos guiar por las apariencias cualquiera podría decir que la persona joven tiene una práctica más avanzada y un mayor potencial de evolucionar en el camino del auto conocimiento. Y que la persona mayor tiene mayores impedimentos para evolucionar en la práctica.

Sin embargo, la realidad puede ser la contraria. Esa persona que es mayor, que sufre de dolencias tiene muchos puntos a favor y un mayor potencial de evolucionar dentro de la práctica del yoga. Puede ser que justamente su rigidez, edad y las dolencias que sufre sean las que provoquen el cambio en ese foco de atención externo a un foco de atención interno donde exista una negociación y un diálogo interno con las tensiones, el dolor, las limitaciones y el miedo. Es su propia limitación la que le lleva a una auto – exploración de su bagaje físico, mental y emocional para entender cuales son los motivos, creencias o eventos que le han llevado a estar en el estado actual. La finalidad de la práctica será la transgresión de esas limitaciones y la desidentificación con el cuerpo para poder vivir de una manera más ligera.

Mientras tanto la persona joven, sana, flexible y que no experimenta ningún tipo de problema, si no tiene cuidado seguirá practicando sin ningún tipo de consciencia. Tiene la “mala suerte” que no tiene ningún tipo de problema y por lo tanto su práctica no tiene un sentido, no existe una exploración, un aprendizaje. Puede ser que sea una práctica enfocada al cuerpo, donde se genere un apego al cuerpo incluso. Es curioso que este estado de salud que aparentemente puede resultar beneficioso pueda llegar a convertirse  en el motivo de la des evolución en la práctica del yoga. Porque como dice Prashant Iyengar, el hijo de Bks Iyengar, no significa que por practicar yoga se evolucione, hay practicantes de yoga que en vez de evolucionar, des evolucionan.

No importa que el practicante adquiera o llegue a la forma perfecta estipulada. Lo que importa es que haya habido un proceso de aceptación y amor hacia uno mismo.

El yoga tampoco es una forma de desconectar, que puede que en algunas ocasiones lo sea beneficioso. El yoga no es si no una forma de reconectar. Reconectar con nuestras emociones, nuestros valores, nuestro entorno y en definitiva con esa vida que nos permite vivir en completa plenitud y que va acorde con nuestro máximo potencial.

Las emociones en el Yoga.

Por lo tanto, la práctica del yoga físico es un contexto como lo puede ser otra disciplina donde por ejemplo se puede observar el grado de flexibilidad con el que vivimos (poco o demasiado) si nos tratamos con amor o no, la calidad de nuestros movimientos, la calidad de nuestras acciones, el grado de miedo que se almacena en el cuerpo, agresividad, autoestima, dolor, libertad, ligereza, alegría, tristeza… En cuanto emerge una emoción durante la práctica del yoga resulta interesante extrapolar a cuando y como sentimos dicha emoción en nuestra vida cotidiana.

Al fin y al cabo la práctica del yoga es yoga desde el momento en el que existe un aprendizaje interior.

Normalmente vivimos inmersos en los que haceres  de la vida cotidiana. “Luchamos” en un campo de batalla externo. Nuestros enemigos son nuestros padres, amigos, compañeros de trabajo, el jefe que no nos deja hacer lo que queremos, el sistema que nos machaca con la subida de impuestos, el sistema sanitario, el sistema educativo, la subida del gas, la luz, el agua y en definitiva nos mantenemos luchando siempre con aspectos externos a nuestra persona a los que les damos la capacidad de influir en nuestra paz interior.

La practica del yoga pone el foco de luz y de atención no a objetos externos si no a nosotros mismos y nos devuelve el poder y la responsabilidad para cambiar nuestra forma de vivir y relacionarnos con nosotros mismos y el mundo que nos rodea de una manera más armónica.

Pablo Ferrero

Fundador de Matrika Yoga

Formador de profesores de Yoga para la Kashmir Shaivism School of Yoga, India en España.

Próxima formación en La Hospedería del Silencio

www.hospederiadelsilencio.com

www.ecocentro.es

 

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