Esta es la historia de un legado, de una Fundación que rescata del olvido la memoria de Félix Rodríguez de la Fuente y  se proyecta en el futuro en una doble misión: Dar continuidad a sus esfuerzos por acercar la sociedad a la naturaleza y hacer visibles y comprensibles las Ciencias de la Vida  desde una perspectiva universal y creativa.  Su objetivo es ayudar a  que la ciencia abandone su aislamiento e incorpore sus ideas y motivaciones a la conciencia colectiva. Ciencia, naturaleza y cultura configuran una trama de consecuencias holísticas y un campo de actividad divulgativa apasionante; conexiones entre arte y ciencia, arquitectura y vida natural, cosmología y poesía… Bienvenidos al proyecto Fundación Félix Rodríguez de la Fuente.

La Naturaleza fue el logos que educó la primera infancia de Félix Rodríguez de la Fuente e hizo de él un hombre feliz; Félix fue un auténtico indígena de nuestra tierra, plenamente integrado en la maternidad de una biosfera que amaba. Con la sabiduría ancestral del que sabe escuchar los signos del libro abierto de la Naturaleza, nos comunicó un amor que se transformó en parte de nuestra conciencia ecológica.

Su legado, como todo lo auténtico, ha sobrevivido al tiempo y se ha vuelto a actualizar en el espíritu de una Fundación que lleva su nombre con honor. Su herencia de pasión por la vida y por la ciencia y su vocación de comunicar sus secretos desde la sinceridad de un corazón enamorado, ha reunido alrededor de su memoria a un equipo de personas dispuestas a revivir su intento: concienciar desde todos los medios de comunicación posibles de que la Vida -manifestada en la asombrosa biodiversidad de este planeta- y la Ciencia -que intenta explicar los misterios de este viaje por la existencia- son un conocimiento necesario y  apasionante  para comprender el sentido de nuestra especie.

Todo empezó en la cocina de una pequeña empresa con ideas fuera de formato. Odile Rodríguez de la Fuente, con la pasión genética que recorre su ADN, le planteó a  Dionisio Romero su intención de montar la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente y la necesidad que tenía de contar con alguien como él. “Sentí que tenía una asignatura pendiente con mi padre, había que rescatar del olvido lo que fue y lo que significó. Él había abierto una puerta y yo quería seguir esos pasos” –afirma ella-.

Odile me propuso acompañarla en este viaje y no solamente le dije que sí, sino que cambié totalmente mi trayectoria profesional –explica Dionisio Romero-. Le dije que sí por varios motivos: porque considero que crear un plataforma con la responsabilidad  de generar contenidos de carácter medioambiental y científico es algo realmente apasionante, y porque hacerlo abanderados por el nombre de Félix R de la Fuente era una garantía, ya que él era un hombre que produce consenso”.

El sí fue tan rotundo que durante dos años no escatimaron esfuerzos, confianza, paciencia y otras virtudes para poder dar a la luz, el 14 de marzo de 2005, a la Fundación. Pero vayamos antes al pasado, a reconocer la herencia que ésta recibe de Félix Rodríguez de la Fuente.

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El legado: viaje por la memoria

Félix Rodríguez de la Fuente fue un pionero en divulgación ambiental. Su carrera, aún viéndose truncada, fue sumamente prolífica. Utilizó todos los medios de comunicación para trasladar su apasionada visión de la Vida y de la relación del hombre con su entorno. Fue líder mediático en TV, en radio, en los quioscos (millones de fascículos de la enciclopedia Fauna vendidos en todo el mundo), en las salas de conferencias. Su capacidad de persuasión salvó espacios naturales y especies, impulsó la promulgación de leyes; su mirada y su llamada de urgencia estaban adelantadas a su tiempo. El impacto de Félix Rodríguez de la Fuente fue enorme, convirtiéndose en el mayor fenómeno de comunicación de la historia de España.

Llegó con su mensaje a todos los rincones de nuestro país y traspasó fronteras, despertando en muchos una nueva actitud de sensibilidad y curiosidad hacia la Naturaleza. En sus trabajos se hace patente su honda preocupación por la falta de respeto del hombre hacia el medio ambiente y la lenta pero implacable destrucción del mismo. Su legado y su espíritu siguen vivos en el movimiento asociativo conservacionista, cuya conciencia ayudó a crear, y en todos aquéllos que aprendimos a amar la Naturaleza gracias a la calidad de su comunicación.

¿Pero quién fue realmente Félix Rodríguez de la Fuente, el hombre que estaba detrás del personaje? Marcelle-Geneviere Parmentier, su esposa, es una de las memorias vivas de alguien al que amo profundamente, y la persona perfecta para bucear en los orígenes de este genio de la comunicación. Me desplacé hasta su casa para recordarle juntas.

P- ¿Como describirías a Félix?

Marcelle – Era un hombre cordial, simpático, que se había formado en los brazos de la misma Naturaleza, que había adquirido conocimiento científico y que tenía una enorme facilidad de palabra, un don, y sentía la necesidad perentoria de comunicar a sus semejantes lo maravillosa que es la vida y la suerte enorme del hecho de estar vivo, el increíble fenómeno vital de que tu organismo funcione. Siempre he visto en Félix a un hombre feliz, porque además de sentirse bien física e intelectualmente, había llegado a un punto de comprensión, de integración y pertenencia. Sentía que pertenecía a la biosfera, a todo lo viviente;  ¡se sentía tan bien en esta inmensa sopa viviente!

P- ¿Cuáles son los valores que destacarías de su personalidad?

M- Valores primarios, importantísimos: el amor a la familia, la veneración a la figura de la madre. Él siempre decía que la madre es la que equilibra, la que centra la fuerza de la familia. De la familia vas a la sociedad, y de la sociedad te extiendes hasta el planeta. Para tener un verdadero equilibrio a nivel planetario el papel de la mujer es fundamental, pues ella prepara a los niños, realiza su primer troquelado, y participa  también en la época de la impregnación, que para Félix es una etapa fundamental para el futuro del ser humano. Y otro valor que destacaría en él es el de sentirse integrado dentro del mundo gracias a su conocimiento de todas las formas de vida que consiguió mediante el estudio de la medicina; saber cómo funciona el cuerpo, la interdependencia de las células, de todos los organismos para que funcione el interés común. Eso le dio una visión planetaria de los temas.

P – A través de esa voz inconfundible, poderosa, él se convirtió en un artista de la comunicación. ¿Cuáles eran las claves que producían esa fascinación?

M – Principalmente que él estaba fascinado, y de fascinado se convirtió en fascinador. Fascinado de ver todas las formas de vida, de que entre millones de espermatozoides se produzca la casualidad de que se fecunde un determinado óvulo; de las luchas increíbles que tienen las especies para sobrevivir, para mejorar, para especializarse, para adaptarse al medio. La fascinación de comprender que somos el resultado de millones y millones de años de evolución lentísima y fragilísima. La imagen de Félix me recuerda a lo que los científicos llaman la “trofalaxia”, una actividad que se da en los superorganismos como las termitas u hormigas. Recogen su alimento del territorio que les rodea, lo transforman y lo pasan de boca a boca. Félix hacía una trofalaxia mental, iba al seno de la Naturaleza, percibía todo lo que le trasmitía, lo estudiaba, lo digería y lo traspasaba neurona a neurona a través de los medios de comunicación.

Escuchando a Marcelle el tiempo vuela. Las anécdotas van acercando poco a poco al personaje hasta el límite mismo del corazón. Me marcho fascinada por su leyenda, con cientos de imágenes revoloteando en mi mente, intentando comprender el misterioso secreto que le unía al mundo animal y que, como dice Marcelle, le pertenece sólo a él.

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Le imagino con el puño extendido, detenido el tiempo, mirándose en los ojos de un halcón. Le recuerdo con aquella nutria, nerviosa por el acoso del rodaje, dormida finalmente sobre su pecho, como si no hubiera frontera entre el reino salvaje y el humano. O cuando una loba le tiraba de los pantalones para enseñarle la presa que había enterrado, guardándola para él como el jefe del clan que era. Hombre de lenguaje entre dos mundos, fascinado y fascinador, que decía: “yo quiero ser un lobo y vivir en una tierra no contaminada, con bisontes pastando en las praderas como aquellos que quedaron pintados en la cueva de Altamira; y cantaría a la luna por la felicidad infinita de vivir en un mundo así”.

Mientras camino ensimismada, Marcelle me llama al móvil y me insiste en que antes de irse a Alaska, Félix le comentó que a su vuelta iba a empezar a tratar los grandes temas que tienen que ver con el hombre, a hacer trabajos de comunicación a tempo lento y degustador de instantes. : “Yo creo que Félix habría sido el gran pensador de la Vida si hubiese tenido 20 o 30 años más, porque estaba en una época de madurez en la que podía empezar a sacar explicaciones, definiciones. En el mundo de la cetrería, cuando un pájaro esta bien físicamente, ha comido bien y tiene poder de vuelo, decimos que esta en yarak, que está en el punto del diapasón para dar la nota del concierto”. Félix estaba en yarak y le imagino como un espíritu alado, sobrevolando los territorios de nuestro intento de dar luz a su legado.

El presente

Llego a la Casa de Campo, donde he quedado con Odile y Dionisio. Juntos han tejido la alfombra sobre la que vuela la Fundación. Ahora quiero saber cómo se actualiza en el presente la herencia recibida, y qué tipos de frutos se esperan para el futuro. Mientras le pongo el micro a Odile, recuerdo las palabras de su madre: “Odile tiene el mismo espectro de filosofía de vida que Félix. Estaba en su plan seguir de alguna manera sus pasos; para ella, estudiar biológicas fue un auténtico placer” Depositaria de una memoria genética que la une al genio y representante de una nueva generación de biólogos y naturalistas que aman la Naturaleza y son conscientes del poder de la comunicación, Odile está dotada de un entusiasmo y una sinceridad notables y se adivina en ella el carisma de la comunicadora. Le pregunto también por su padre.

P- ¿Qué has heredado de él?

Odile – La curiosidad y la pasión.

P – ¿Cómo describirías a Félix?

O – Como una persona vocacional, valiente, libre y con una gran inquietud por conocer el mundo en el que vivía y su lugar en él. Destacaría también su humanidad y su capacidad de trasmitir emoción, pasión y conocimiento. La valentía de creer en sí mismo, de creer en su instinto y de confiar en lo que marcaba su compás interno, pues viviendo en un mundo que no compartía sus valores, tuvo el arrojo de luchar y de utilizar todas sus cualidades para ayudar a preservar la vida, educando y concienciando a toda una generación.

P – ¿Qué significaba la Naturaleza para tu padre?

O – Él era capaz de tocar el intangible de lo que nos une a todos, tanto lo vivo como lo no vivo, de lo que nos trasciende. Enseñó a mucha gente a ver la vida desde un punto de vista que les hacía sentirse partícipes; tocó alguna fibra que todos llevamos dentro y que él sabía expresar. Tenía ese arte de poner el dedo en nuestro sentido de pertenencia a un algo superior, a un todo. Y era un artista, lo podía hacer porque lo sentía.

P – ¿Cuál es la misión de la Fundación?

O – Nuestra tarea se proyecta a largo plazo. Nosotros ampliamos el concepto de la contaminación ambiental que estamos sufriendo, ámbito en el que hay muchas organizaciones luchando por conservar nuestro planeta, a una contaminación a nivel cultural y social. Yo creo que hay mucha gente harta de que tanto en los medios de comunicación como en la política y en la sociedad, haya tanto relativismo y confusión, que no se nos comuniquen cosas que realmente importen, cosas que nos hagan conocer y vivir con conciencia, disfrutar. Estamos en el momento de la historia de mayor intercomunicación, hay que aprovechar este potencial para lanzar un mensaje positivo que sirva para provocar una reflexión. La Fundación quiere ser un puente entre la ciencia y la sociedad, dar a conocer, traducir a un lenguaje que todo el mundo pueda comprender los temas que son cada vez más perentorios y que en última instancia se resumen en conócete a ti mismo, conoce tu entorno, y a través de conocerte y maravillarte respeta, disfruta y cuida el planeta para futuras generaciones. Para mí no se trata tanto de una misión combativa como de ir sembrando semillas de reflexión.

Dionisio es el contrapunto perfecto, el hilo sobrio que teje reflexiones con profundidad y poesía y en quien se destaca un notable don para la comunicación. Le pregunto también por Félix y compruebo que la realidad del personaje es distinta para cada observador. Tengo así tres Félix en el reportaje, más el mío propio y el de cada uno de ustedes. Juntos hacen miles de Félix, como si la mirada de cada uno revelase un aspecto determinado y no otro y todas ellas fueran complementarias. Dionisio destaca otra faceta de la geometría del personaje.

P -¿Qué visión tenía Félix del hombre?

Dionisio – Félix Rodríguez de la Fuente trasmite un sentimiento de nostalgia y un sentido de orfandad del hombre moderno. ¿Qué es el hombre?; ¿quién es ese ser que siente nostalgia de qué? Félix no nos dejó un testimonio de lo que para él era el hombre, pero lo que sí se puede decir es que él ve el hombre y la Naturaleza como una unidad unívoca, y que ve al hombre actual como un ser fracturado, incompleto, que busca lo primigenio, lo original, la inocencia.

Él habla mucho de que añora al hombre del paleolítico y se aproxima en su lenguaje hacia esa nostalgia, en una suerte de tensión entre lo poético y lo científico. Precisamente en esa tensión dialéctica se abre un horizonte muy interesante para los tiempos que corren: ahondar en la significación del hombre más allá de lo científico y más allá de lo poético, pues en definitiva el fin último de lo poético y de lo científico, como dos lenguajes que pueden ser convergentes, es hacer visible lo invisible, cada uno con sus formulaciones y con sus limitaciones.

Félix era meticuloso, buscaba una perfección imposible en los tiempos en los que vivía, una perfección natural que el hombre ha perdido por su devenir histórico y tal vez por corrupción. Intuía que ese hombre perdido, ensoñado, sospechado es algo mucho más grande y completo que lo que creemos que somos, y sobre todo con lo que nos conformamos ser.

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P – ¿Qué puede simbolizar Félix en nuestros días, qué actualización se puede hacer de su legado?

D – Un aspecto importantísimo del legado de Félix, que él trasmitió con mucha elocuencia y emotividad, es que la vida no es el suceso donde habitamos y circulamos de una manera anodina, sino que podemos vivir con un sentido de asombro y aventura. Félix hizo de su vida una gran aventura y esto es un estímulo, un referente y una enseñanza cuando el mundo en el que vivimos tiende precipitadamente, y cada vez de una manera más acelerada, hacia la banalidad.

P – ¿Cuáles son las causas de la desconexión con el medio que habitamos?

D – Vivimos en una sociedad en crisis profunda, crisis energética, crisis en el entorno, hay infinidad de síntomas, retroceso de especies, extinciones masivas. Pero nosotros entendemos que estos síntomas no son solamente consecuencia de un pésimo criterio económico, político y convivencial desde el punto de vista de la producción, de la economía, incluso del discurso cultural e intelectual, sino que son síntomas claros de que algo está fallando en el intelecto humano, en la percepción profunda de lo que es definitivamente el ser humano. Para nosotros la profanación a todos los niveles de la Naturaleza es un síntoma de la profanación terrible y peligrosísima del corazón del hombre, que no es otra cosa que el centro del ser mismo.

P – ¿Cuales son los objetivos de la Fundación para este año?

D – Este año es el de la conmemoración del 25 aniversario. La Fundación está dedicada básicamente a la figura de Félix, y como no queremos hacer muchas cosas sino pocas y bien hechas, los dos grandes proyectos de este año son una exposición y una serie de documentales. Pero también hemos querido sacar un proyecto que representase nuestra misión más allá del homenaje a un hombre y a un legado, que es la revista AgendaViva, que saldrá con las cuatro estaciones.

La Fundación, como dice Odile, se inscribe dentro de una trama colectiva, una partitura invisible donde todos los que configuramos la sociedad y los que nos hacemos responsables de aspectos de la ciencia y la naturaleza tenemos nuestro lugar. Por eso la Fundación ha iniciado también una labor que se va a traducir en la AgendaViva, e irá concretándose en más proyectos que poco a poco nos ayudarán a generar una red para saber quién es quién y qué es qué en ciencia y medioambiente, en este país y a nivel internacional.

P – ¿Ciencia y medioambiente?

D – Cuando se habla de ciencia y medioambiente, son palabras tan usadas, incluso manoseadas, que a veces se pierde su sentido y alcance. En la Fundación mantenemos un debate abierto, una reflexión interna sobre el alcance y la dimensión que queremos darle a estos contenidos, desde qué lugar acometemos esta tarea y desde qué lenguaje la hacemos visible. Desde un principio tuvimos claro que no existen conocimientos estancos, que la vida es un todo de una gran complejidad, que no se pueden crear lenguajes separados, y por eso diseñamos una especie de triángulo paradigmático que soporte nuestra acciones de comunicación e información, un triunvirato en el que se implican ciencia y naturaleza, en convivencia y connivencia, con el lenguaje cultural o poético.

Nos queremos acercar a estos conocimientos desde una perspectiva eminentemente cultural, no solamente porque hablemos de poesía, literatura, arquitectura o cualquier otro lenguaje formalizado y también compartimentado, sino porque entendemos la cultura no como un tangible sino como un invisible, como un entorno en el que respiramos y somos.

Ante la palabra ciencia Odile reacciona y aporta su visión, que va acompañada de pasión y revela su naturaleza de científica: “Nuestra labor sería dar a conocer a los propios científicos qué es lo que se está haciendo en los demás campos de la ciencia, aportar una semilla para ayudar a que se produzca el cambio paradigmático que se avecina. Que se produzca este cambio dentro de la ciencia es muy difícil, porque la propia ciencia es muy reacia al cambio, pero en la evolución de la vida y de las especies a lo largo de la historia hemos visto que siempre hay revoluciones sobre todo de mirada, de  perspectiva.

La humanidad necesita un cambio de visión, y la ciencia forma parte importante de cómo el hombre se descubre a sí mismo, descubre el cosmos y su lugar en él. Ya no se puede seguir viendo la vida al modo cartesiano. Tenemos que aprender que la ciencia no es la verdad absoluta, que cambia constantemente y muchas de las leyes que se formulaban hace unos años como absolutas ya no lo son. La ciencia es una herramienta para conocer, pero sobre todo tiene que despertar más curiosidad por saber, con rigor pero abierta a seguir recibiendo lecciones de la Naturaleza. Y la propia Naturaleza dice a gritos que no podría existir si no fuera por una cooperación, una interrelación de absolutamente todo, por una complejísima urdimbre. Eso se tiene que trasladar a nuestra propia visión de la realidad.”

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Dionisio apuntala: “Restituir lo que podría ser una jerarquía natural que hemos olvidado por la impronta de los tiempos en que vivimos, un sentido de la corresponsabilidad porque existe una realidad que tiene una preeminencia, que es la colectividad. Nuestro mundo se ha individualizado tanto, ha creado tantas categorías de valor sobre el individuo, que hemos perdido el sentido de lo colectivo, de la humanidad, y la ciencia en este sentido tiene mucho que refrenar, reflexionar y analizar, porque su actividad a veces fragmentaria e hiperespecialidada nos lleva a un vértigo en la que la sociedad, por desconocimiento o por abandono, no puede participar.

Es muy importante dar a la sociedad argumentos para que pueda ser co-responsable en lo que se está haciendo en los laboratorios, en las academias, en las bibliotecas, y más ahora, en una época en lo que nunca se ha visto más activo el mito de Prometeo y nos estamos jugando el futuro. Creo que hay una labor importante, vertical, una mirada desde arriba, holística, integradora, en la que puedan participar todos. Naturalmente esto es posible desde una cultura de adecuación y comprensión; por eso todo proyecto científico, todo intento medioambiental, se soporta en el envolvimiento de sentido colectivo que es la cultura”.

Y Odile remata: “Esta es una responsabilidad que no puede ser sólo del científico o de los políticos, sino de la humanidad, que tiene derecho a saber y la obligación de saber, sobre todo porque saber y conocer es disfrutar. Tenemos que participar”.

Apagamos el micro y nos quedamos en silencio. Las palabras recién dichas han formado una trama de sentidos, de inteligibilidad que revolotea sobre las copas de los árboles. La Casa de Campo está incendiada con el calor de la canícula y es hora de refugiarse y separarse. Vuelvo al coche mientras reflexiono sobre la manera en que yo, como individuo colectivo, puedo participar en este cambio de visión que es una forma de cambiar mi modo de estar en el mundo, de celebrar en definitiva la suerte de estar viva.

Espero que este reportaje sea una semilla para sus mentes como lo fue para mí elaborarlo.

Reportaje Al descubierto de AgendaViva por Beatriz Calvo Villoria.

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