“Yo diría que ahora mismo, aunque haya muchas personas que mueren de hambre en el mundo, la verdadera pobreza de espíritu está en Occidente.”

Ángeles es ante todo mujer y madre. En una sociedad tan alejada de su propia humanidad, definirse de este modo puede resultar algo puramente nominativo; una descripción vacua o intrascendente. Sin embargo podríamos decir que toda la actividad profesional de Ángeles, sus nutridas y significativas aportaciones encaminadas a afianzar y propulsar un movimiento de cambio social hacia una existencia más plena y sostenible, parten y se alimentan de su condición, profunda y fértil, de mujer y madre. Fiel a su naturaleza, buscadora incansable del sentido común que nos hace humanos, ella se propuso hacer llegar al público que es posible vivir de forma alternativa a la que nos han inoculado desde que nacemos, en la sociedad actual. Su ferviente actividad le permite llevar una familia y asumir varios frentes en paralelo. Es presidenta de la Asociación Vida Sana —constituida en 1981—, directora de Biocultura —Feria decana de las alternativas y el consumo responsable—, directora del MamaTerra —festival ecológico de la infancia— y vocal de la Comisión Permanente del Consejo Municipal de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Barcelona, entre otras cosas. Desde que se juntó con un grupo de amigos en los años 80, llena de juventud y rebosante de reivindicaciones que pocos entendían, ha participado activamente para que hoy se conozcan y entiendan conceptos tan importantes como el de agricultura ecológica y consumo responsable. Seguro que todavía le queda mucho que enseñarnos a esta gran mujer.

¿Cuáles son tus objetivos profesionales?

Mi profesión como directiva de Vida Sana tiene un objetivo muy claro, que es hacer todo lo que esté en mi mano, poner todo mi conocimiento, para que los objetivos de la organización puedan optimizarse y que podamos llegar cada vez a un número mayor de personas. Es decir, que la agricultura biológica y la alimentación orgánica lleguen cada vez a más personas. Además, otros objetivos de nuestra asociación son que todas las formas de vida sostenibles o de consumo responsable lleguen a ser lo habitual y lo normal en la vida de cualquier ciudadano; que no haya que diferenciar entre sostenible e insostenible, que no haya que diferenciar entre algo bien hecho o mal hecho, sino que todo esté dentro de unos parámetros de normalidad. De alguna forma, cuando hablamos de consumo, dentro de la alimentación, hablamos de normalizar el consumo de alimentos ecológicos. Ése es mi objetivo profesional, que concuerda con mi objetivo personal, aunque no soy, ni mucho menos, una fanática. 

¿En qué medida ha cambiado el mundo y la percepción del público de estos temas desde que se fundó Vida Sana?

La asociación se oficializó en el año 1981, pero ya desde 1976 estábamos trabajando como grupo informal con unos cuantos amigos que nos reuníamos para charlar de los cambios que había que hacer para que el mundo no se deteriorara más de lo que pensábamos que lo estaba haciendo por aquella época. Te estoy hablando de hace más de 30 años. En aquel momento la concienciación medioambiental y de consumo ecológico responsable era prácticamente nula. No se oía hablar de temas medioambientales en los medios, que sólo se preocupaban de política, la transición, etc., con muy pocas excepciones. La Revolución Verde estaba, en el estado español, en su apogeo. Y, por otro lado, nadie tenía en cuenta que a mayor industrialización… mayores problemas ecológicos. En ese momento nadie quería hablar de nada que representara “parar la máquina” de la industria en España. Ahora hemos pasado a una situación en la que quien más quien menos… ha oído hablar del cambio climático, de que la forma en que nos alimentamos y en que vivimos tiene una repercusión directa en nuestra salud, etc.; o de que nuestra actividad diaria, sea personal o profesional, tiene un impacto sobre el medio ambiente. Eso creo que es lo que hemos ganado: que esa información ha llegado de una u otra forma a la mayor parte de la población y que de alguna manera ha sensibilizado al ciudadano respecto de estos temas. Éste es un cambio muy importante. Estamos hablando de 30 años, por tanto ha sido un cambio muy lento pero ahora estamos en un momento en el que es posible empezar a cambiar conciencias. Ya tenemos la información, ahora ya podemos trabajar. La información, sin acción, es vacua.

 Y ¿en qué medida ha cambiado tu visión desde entonces?

Entonces éramos jóvenes y también éramos más radicales. Sin embargo, cuando hago un análisis retrospectivo de esa radicalidad que teníamos, creo que fue positivo el hecho de que las cosas fueran blancas o negras en un momento en el que parecía que nada tenía importancia. El paso del tiempo, el hacernos mayores, madurar, crecer, nos ha dado una visión más suave de las cosas, no tan radical. Sin embargo, eso no significa que nuestra visión de las cosas haya cambiado, sino que es la misma e incluso con más datos. Además, diría que es una visión más profunda de la catástrofe pero de una forma menos radicalizada. Hay que decir las cosas pero hay que tener una estrategia para decirlas. Particularmente, me he dado cuenta de algunas cosas muy interesantes. Antes, veníamos del mundo “alternativo” y, sin quererlo, éramos cómplices del sistema en algunas cosas. Ahora mismo, además de trabajar en pro de la agricultura ecológica y de todo lo afín a la verdadera sostenibilidad, procuro que el caos y la confusión no me cieguen. Y, a través de la profundización en la vía espiritual, vivo la vida intentando no caer en las confusiones del pasado, que eran peligrosas. No todo lo “progre” es “ecológico”. Hay que discernir e hilar cada vez más fino.

“La naturaleza se conserva, si hay actividad real y si las personas y los pueblos comparten todos los ecosistemas. Nosotros proponemos que la conservación de la naturaleza pase por una actividad humana sostenible y ligada completamente a ese paisaje, a ese lugar.”

En el escaparate social y cultural que supone Biocultura, ¿has detectado cambios de visiones o tendencias desde que se inició?

BioCultura siempre ha sido el motor que ha impulsado muchos cambios, sobre todo en lo que respecta a agricultura ecológica, alimentación sana, movimientos contra transgénicos… y, por otra parte, el escaparate, la plataforma, el lugar de encuentro de todas esas pequeñas iniciativas y tendencias en pro de una vida más sostenible. El primer año que se organizó fue un invento, literalmente, porque de hecho nos tuvimos que inventar hasta los expositores. Sencillamente, la existencia de productores “bio” y demás era prácticamente nula. Pero lo importante es que conseguimos arrancar ese primer proyecto. Quiero recordar y reconocer a la persona que nos animó y que colaboró activamente para que la primera feria de BioCultura tuviera lugar: el entonces alcalde de Madrid, don Enrique Tierno Galván. Él nos facilitó todo lo que estaba en su mano porque veía en Biocultura un evento cultural de futuro. Y la verdad es que no se equivocó. BioCultura ha ido cambiando mucho a lo largo de los tiempos, pero, contrariamente a lo que podría parecer, cuando algo crece y se amplía, no nos hemos vuelto más permisivos sino más bien todo lo contrario. Somos cada vez más exigentes con las empresas y las organizaciones que participan y esto es bueno porque sigue marcando una pauta para esas empresas que quieren hacer una producción limpia. Hemos ampliado y mejorado mucho los criterios de selección de esas empresas y productos que quieren estar presentes en BioCultura.

La mayoría de las áreas con las que trabajas están ligadas de algún modo con la naturaleza y su preservación. ¿Qué opinas de la conciencia ecológica en Occidente y de las políticas conservacionistas tanto de la Administración como de las principales ONG?

Veo equivocada en gran parte la forma en la que se pretende conservar en España y en el mundo la naturaleza, convirtiéndola en lo que sería, más o menos, “reservas” o parques temáticos. La naturaleza se conserva si hay actividad real y si las personas y los pueblos comparten todos los ecosistemas. Nosotros proponemos que la conservación de la naturaleza pase por una actividad humana sostenible y ligada completamente a ese paisaje, a ese lugar. Por ejemplo, la actividad de la agricultura ecológica ligada a una comercialización local o regional es una forma de luchar contra el cambio climático y contra muchas de las pandemias sanitarias que nos asolan. En las áreas protegidas habría que llevar a cabo sólo agricultura y ganaderías orgánicas. Y convertir todo el territorio español en una inmensa área libre de transgénicos. Eso sí que es luchar por el medio ambiente y no crear espacios para parques temáticos “naturales”.

El otro pilar de tu trabajo es el ser humano. ¿Qué piensas de la salud mental, física y espiritual del hombre/mujer occidental?

Existe hoy una gran confusión en el mundo. Y una de las cosas que más llama la atención es la alta tasa de enfermedades mentales y de desórdenes de todo tipo que padece la Humanidad, además de estrés, insomnio, trastornos alimentarios, drogadicciones… El hombre moderno se ha querido endiosar a sí mismo y ha creado una sociedad que nos aleja de las verdades más esenciales de la vida y que nos aleja, también, de nuestras necesidades más humanas. Y buena parte de todo lo que ocurre tiene su origen en ese alejamiento. ¿Qué podemos hacer? No dejarnos engañar e iniciar el camino de regreso. ¿Qué es más natural, por ejemplo, la lactancia materna o las leches maternizadas? Está claro que la lactancia materna es más segura, más bella y que refuerza el vínculo emocional entre madre e hijo. Es mucho más que nutrición. Pues me refiero a esas cosas y a algunas otras que entran dentro del mundo de lo invisible.

Vandana Shiva lo explica muy bien cuando utiliza la agricultura como ejemplo. Ella explica por qué los monocultivos son nefastos en la agricultura y habla de que también hay un monocultivo de la mente. Una mente pobre, poco rica, produce la idea de monocultivo. Yo diría que, ahora mismo, la hegemonía cultural de una sola forma de entender el mundo, la que impera en todo el orbe, el mecanicismo, el racionalismo, el antropocentrismo, el cientifismo, no nos ha hecho más felices.

“Las mujeres han sido siempre las guardianas de la biodiversidad. En este momento, en una sociedad como la nuestra, las mujeres tendrían que tomar de nuevo su papel de guardianas y salvaguardar la familia, los valores humanos, los valores éticos. Creo que la mujer en ese sentido tiene una capacidad innata e inmejorable.”

 Pero, ¿acaso la modernidad no nos ha traído democracia y con ella la libertad para expresar visiones diferentes, como es el caso de las alternativas que mencionas? ¿Acaso es mejor la forma restrictiva y limitante que tienen otras sociedades no democráticas de imponer reglas y criterios?

Este es un tema recurrente. Cuando alguien, en la sociedad moderna, se muestra crítico con los paradigmas sobre los que está cimentada nuestra sociedad… se pone como ejemplo lo que ocurre en otras sociedades no democráticas, sean dictaduras militares latinas o monarquías islámicas, sean repúblicas bananeras o lo que sea. Es evidente que ser crítico con la modernidad no significa que se esté de acuerdo con formas de vida en las que no se respetan los derechos esenciales ni del ser humano ni de nada. Es que no se trata de estar allá o aquí, más a la derecha o más a la izquierda, sino más hacia arriba o más hacia abajo. Y lo que hay que buscar es la luz y no la penumbra. La sociedad contemporánea manipula el pasado a su antojo. Por ejemplo, nos presenta a ciertas culturas como realmente reaccionarias porque nos muestra, en los medios, símbolos extraños a nosotros que son fáciles de manipular. Yo tomo lo que es bello de distintas culturas, las estudio, intento beber de las fuentes más primordiales, y no me limito a quedarme con los reportajes manipulados de las cadenas televisivas. Lo más triste de todo no es que millones de personas en el mundo sigan sus tradiciones ancestrales, sino que, verdaderamente, se han apartado de ellas en su más honda esencia. ¿O es que Bin Laden y todo el fanatismo religioso, venga de donde venga, no es hijo de la misma época que el cientifismo más recalcitrante? Vandana Shiva reconoce que la explosión demográfica no es una cuestión de la cultura hindú, sino, precisamente, de la cultura industrial. En las megalópolis indias la población no deja de crecer, mientras se controla de mejor manera en las áreas urbanas. Wangari Maathai también dijo recientemente que las culturas ancestrales africanas respetaban mucho más a la mujer que las sociedades contemporáneas. El problema es que cualquier aldea africana es hoy una mezcla de lo peor de todo, donde sobreviven las formas, pero no lo que daba sentido a las sociedades vernáculas.

En ese sentido, ¿qué crees que pueden enseñar los pueblos mal llamados primitivos a una sociedad aparentemente tan evolucionada como la nuestra?

Pues la cultura del límite. En cualquier pueblo vernáculo se sabe muy bien, ya sea por las tradiciones culturales o por las tradiciones espirituales, lo que puede ayudar al hombre y lo que no. Yo creo que uno de los grandes males de nuestra sociedad moderna actual es que la cultura del límite no se enseña ni en las escuelas. Entonces parece que todo es posible, que todo es asequible, que podemos llegar a todo… y ahí perdemos el equilibrio y el norte.

¿Qué papel debe y puede jugar la mujer en la sociedad actual?

Yo estoy totalmente en desacuerdo con la idea de que la mujer es igual al hombre. No soy feminista, sino ecofeminista. Pienso que el hombre y la mujer tienen papeles muy diferentes en la sociedad y que cada uno tiene que potenciar al máximo sus valores innatos. En ese sentido la naturaleza de la mujer ha sido siempre la de generar y preservar la vida. La mujer tiene un instinto, una intuición que la lleva a guardar, a conservar. Sí, yo soy una mujer conservadora, no porque sea de derechas, ni mucho menos, sino porque quiero conservar todo aquello que sea bueno para mí y para los míos. Las mujeres han sido siempre las guardianas de la biodiversidad. En este momento, en una sociedad como la nuestra, las mujeres tendrían que tomar de nuevo su papel de guardianas y salvaguardar la familia, los valores humanos, los valores éticos. Creo que la mujer en ese sentido tiene una capacidad innata e inmejorable.

La mujer en la sociedad actual tiene más responsabilidad que nunca porque el hecho de estar completamente en el mundo laboral puede hacerle olvidar su verdadero papel. La mujer actual, moderna, hija del progreso, difícilmente puede tener presente ese papel del que estamos hablando, y yo misma me incluyo como una mujer que trabaja, que tiene hijos, que tiene que cuidar de la familia, de la salud de la familia y también de la economía. Volvemos a lo que te comentaba al principio. No tenemos que dejarnos engañar y no tenemos que ser cómplices del sistema. Durante mucho tiempo, tanto la derecha como la izquierda han estado, aquí y en todo el mundo, destruyendo la familia, sus pilares. Y muchos de nosotros, sin darnos cuenta, hemos colaborado. Hoy, soy consciente de que una familia unida es un bastión, una revolución en el mundo en que vivimos. También hay que tener en cuenta el impacto de la sociedad actual, de la modernidad, de los medios de comunicación. Gran parte de la estrategia de venta de productos, de servicios, está basada en la individualidad de las personas porque, si tenemos grupos totalmente desestructurados, son más fácilmente influenciables. Es decir, si la familia está desestructurada, más fácilmente podremos influir sobre las diferentes voluntades. En ese sentido, el papel de la mujer es indispensable para mantener la unión, mantener la familia, mantener el grupo y el entorno social. El mundo se dirige a un universo en el que empresas y estados sustituyan a las familias. Me parece peligrosísimo y muy triste.

“Yo creo que uno de los grandes males de nuestra sociedad moderna actual es que la cultura del límite no se enseña ni en las escuelas. Entonces parece que todo es posible, que todo es asequible, que podemos llegar a todo… y ahí perdemos el equilibrio y el norte.” 

Si pudieras decidir qué tres cosas cambiar, ¿cuáles serían?

Yo creo que si en el mundo desapareciera la televisión, habríamos dado un gran paso adelante. En realidad, la televisión es la ventana por la que nos entra absolutamente todo. Y no precisamente lo mejor. Por otro lado, creo que sería bueno tener comunidades sólidas, organizadas, unidas. Y por último penalizaría muy seriamente cualquier agresión que se pudiera hacer al medio ambiente o al ser humano, lo que por otro lado es asombroso que no sea así.

¿Cómo imaginas un futuro ideal?

Los jóvenes, sobre todo los adolescentes, que son los que más problemas existenciales suelen tener siempre, actualmente no tienen ilusión por las cosas, no se les plantea ninguna revolución que hacer. Digamos que es una generación que lo tiene mucho peor que las anteriores porque no tienen retos, expectativas de cosas que cambiar en el mundo, en la sociedad. En ese sentido creo que la culpa la tiene esta sociedad actual en la que todo es posible, en la que la abundancia crea desmotivación. Acordémonos del dicho: no es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita. Yo creo que un futuro en el que uno tuviera que ganarse lo que necesita sería mucho mejor para la salud, no sólo la salud física, sino también la salud mental de las generaciones venideras. Ir hacia el menos, es ir hacia el más. Ello no significa ir hacia la pobreza, sino hacia la austeridad, que es diferente. Hay que desentenderse de lo superfluo.

¿Qué opinas sobre las crisis que se están manifestando actualmente? ¿Ves oportunidades encubiertas?

El modelo actual está claro que hace aguas por todas partes. De hecho, en estos momentos de crisis económica mundial se habla de reinventar el capitalismo. Está claro que el camino es equivocado, que la sociedad neoliberal capitalista no es la solución a nada, más bien al contrario, es justamente la causa, el problema. En mi opinión, la solución a todos los problemas está en sociedades pequeñas, de escala humana, biorregionales, muy unidas, basadas en las diversas formas de familia, con un control férreo de la tecnología y de la ciencia, y de la actividad empresarial, sociedades más artesanas, con economías locales… El capitalismo se está asesinando a sí mismo y nosotros no vamos a hacer nada por salvarle ni por proporcionarle una muerte más digna. Lo que ocurre es que este proceso traerá dolor, paro, miseria… Ya está ocurriendo en muchos lugares. Aunque parezca cruel decirlo, toda enfermedad tiene su catarsis. La fiebre y el dolor nos hacen pasar malos momentos, pero nos hacen modificar nuestros hábitos para reconquistar el equilibrio y la salud. Pues eso parece que es lo que le va a pasar al mundo actual

Entrevista realizada por Odile Rodríguez de la Fuente para AgendaViva de la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente

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