Mientras el tejido empresarial se deshilacha, y la empresa, esa “acción ardua y dificultosa que valerosamente se comienza”, es sustituida por la acción ignominiosa de las cuatro multinacionales que actualmente se comen el pastel que antes alimentaba a una red de pequeños y medianos comerciantes, a los empresarios  de toda una nación; toda una población de trabajadores es despedida sin ninguna cortapisa, ya que esos empresarios creyeron en las promesas de los sucesivos gobiernos, de izquierda y de derechas, que decían tener la clave para crear empleo, flexibilizando, por ejemplo, los despidos.

Echemos al cuarentón que ha dejado su juventud en la empresa con una inexistente indemnización, y si alguna vez vuelve a ser contratado, que difícil será, tendrá que aceptar las mismas condiciones de esclavitud que los recién llegados habrán aceptado, desesperados por encontrar un primer empleo, por un misérrimo salario y unas condiciones de maltrato laboral. Ya no habrá defensores en ningún lado que puedan ejercer ninguna presión, pues los mismos sindicatos han pactado esas leyes de esclavitud. “El despido libre liberará al empresario y agilizará la economía creando empleo”. Pero esa libertad falsa que muchos  empresarios aplaudieron y apoyaron no ha generado ningún tipo de empleo, sino que ha producido que se multipliquen las personas que caminan errantes por las calles y ocupan los únicos bancos que le sostienen y ha deteriorado el tejido que daba de comer a ambos.

Y ya sin un euro en el bolsillo los millones de parados no podrán comprar ni sus servicios ni sus productos, y su falsa libertad será la tumba que habrán cavado junto a las leyes de unos Estados deshumanizados que cada vez se tornarán más asfixiantes y que se irán colocando como collares estrechos a todas sus iniciativas de emprender y harán que cada vez más empresas cierren y aumente, así, la cuota de pastel para los cuatro jinetes del Apocalipsis que fuerzan esas leyes con sus intereses.

Cientos de empresarios se sumaran al deambular sin rumbo por las calles, mientras las multinacionales, con sus hipermercados de “basura a todo a cien”, venderán salchichas de carne “de no se que” a céntimo de euro fabricadas en China por esclavos profesionales. Los apocados despedidos comerán, para olvidar, sentados frente a los medios de comunicación de masa, que poseen también las multinacionales, adormeciendo su conciencia con un “pan” de mala calidad y un “circo” abominable que les intoxicará el espíritu con la sangre de la murmuración y les acelerará el sistema nervioso con imágenes llenas de vulgaridad y violencia. Si los estímulos no son suficientes para matar su dignidad de humanos siempre tendrán oportunidad para chatear superficialmente por cualquier insustancial motivo en sus móviles, por un céntimo el minuto o sumergirse en las redes y navegar por un océano de exceso de información que colapsará aún más las sinapsis de sus cerebros. Anestesiados, los cuatro jinetes se podrán empachar con el pastel, aún más a gusto.

Y para contener la inflamable ira que podría producir el cuadro descrito el Estado tendrá la falsa caridad de otorgar  una misérrima paga por desempleado para comprar nuestra rebeldía para que tanta injusticia no nos lleve a la revolución y que por 400 vergonzosos euros, con los que habrá que pagar la habitación compartida y las salchichas de todo a cien, no enarbolemos las espadas porque todavía tenemos algo que perder. De la pesadilla sólo se sale despertando.

Beatriz Calvo

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