Los motivos para ser vegetariano o vegetariana pueden ser múltiples, tantos como las personas que deciden emprender este camino, pero a grandes rasgos se podrían agrupar en tres grandes bloques:

  1. De preocupación ecológica social
  2. Éticos y
  3. De salud

1. De preocupación ecológica social

Aunque para muchos, adoptar una alimentación bio-vegetariana es una cuestión personal, y sus beneficios son por tanto, de índole privada, se dan cada vez más casos en los que existe detrás una conciencia social. Y es que para muchos, cambiar de alimentación supone además estar cuidando el planeta. Habrá quienes nunca hayan oído este argumento y a los que les sorprenda que comida y ecología estén tan directamente ligadas, pero así es.

Obviamente, no son sólo los vegetarianos los que más sensibilizados están con temas como el calentamiento global, la pérdida de ecosistemas, la extinción de especies, etc. Y son muchas las cosas que se pueden hacer para cuidar el planeta en el que vivimos sin necesidad de cambiar la alimentación, pero cada vez se escuchan más voces que defienden que una alimentación vegetariana es mucho más respetuosa con el medioambiente. Los hay que incluso aseguran que sólo si el 100% de la población se “convierte” al vegetarianismo, podremos seguir viviendo en armonía con el entorno. Analizaremos aquí algunos de los argumentos utilizados por quienes hacen de su alimentación, su herramienta para cuidar el planeta.

Deforestación
La deforestación, ha sido quizá el primero de los problemas que afectó al medioambiente desde que surgieron las civilizaciones en la antiguedad, y se vió agravado con la tala masiva de árboles en la edad media para dedicar los bosques a la agricultura y la ganadería. Durante siglos, hubo tierras y tierras por conquistar, por lo que el hecho de que la ganadería necesitara mucha más superficie que la agricultura para obtener las mismas calorías no era importante. Pero actualmente, con los problemas de hambre y superpoblación, la cosa ha cambiado. Según algunos estudios, si el total de las superficies cultivables hoy en día se dedicaran a alimento humano, se podría alimentar a 6.000 millones de personas, mientras que con dietas abundantes en carne, sólo llegaría para 2.600 millones. Es decir, si queremos alimentar a toda la población con carne, habría que seguir talando y talando. Este problema también afectaría a praderas y otros paisajes, que han visto sustituida su fauna y flora local por plantas forrajeras.

Agua
Aunque sabemos que nuestro planeta está compuesto en su mayoría por agua, solo una pequeñísima parte es agua dulce. Por suerte, actualmente existe cada vez mayor concienciación en lo que al ahorro de agua se refiere. Pero para muchos, ducharse en vez de bañarse o cerrar el grifo mientras te cepillas los dientes no es suficiente, pues la ganadería es una de las principales consumidoras –y para muchos, despilfarradora- de este bien tan preciado. Uno de los datos que se manejan para apoyar este argumento es que para obtener 100 gramos de carne hacen falta 7.000 litros de agua (entre la bebida de los animales, regar los cultivos, procesar, lavar, cocinar, etc.), mientras que para producir harina como para una ración de pan hacen falta 550 litros. Y no sólo es el agua que consumen, sino también la que contaminan a través de los residuos ganaderos y más indirectamente, por los pesticidas y antibióticos utilizados en las explotaciones ganaderas.

Y no hay que olvidar que los peces también son animales, y que cada vez los mares sufren más las consecuencias del consumo de estos habitantes marinos. En primer lugar, encontramos la sobreexplotación de los caladeros, lo que provoca la extinción de numerosas especies lo que, unido a la cada vez mayor contaminación de ríos y mares, va mermando poco a poco la biodiversidad acuática. El uso de técnicas de pesca no selectivas y el hecho de alimentar a los peces de las piscifactorías con subproductos del pescado, provocan que cada año mueran toneladas de animales marinos “por error”. Las piscifactorías parecían ser una buena solución, pero cada vez son más las voces que alertan sobre el daño que estas tienen sobre los ecosistemas: especies foráneas criadas artificialmente, hacinamiento, antibióticos, contaminación de las aguas, aparición de nuevas enfermedades…

Los desechos producidos por la ganadería también suponen un grave peligro para el medioambiente: los residuos fecales y urinarios son enormemente contaminantes por su contenido en amoniaco, que acidifica el ambiente y evita el crecimiento de las plantas.

Energía
Por último, cabría destacar el gran gasto de energía que supone el consumo de carne, y las consecuencias que esto tiene para el calentamiento global. La carne viaja miles de kilómetros antes de llegar a nuestra casa y en su producción se utilizan numerosos recursos energéticos, incluyendo algunos productos derivados del petróleo usados en el cultivo de las plantas forrajeras. Del campo al matadero, del matadero al mercado y del mercado a casa, todo ello en cámaras frigoríficas de alto consumo eléctrico. Todo este derroche de energías y de productos químicos desemboca en un aumento de las emisiones de CO2 y de otros gases de efecto invernadero. Los propios animales expulsan algunos de estos gases (por ejemplo el metano, las vacas) como consecuencia de sus procesos digestivos.

En definitiva, existen una serie de problemas medioambientales derivados del consumo de carne que sitúan a la alimentación en el centro del debate social. Para muchos, un motivo más para derivar su alimentación hacia formas menos agresivas con el planeta.

2. Éticos

Los motivos éticos, en especial en lo relativo al respeto a los animales, suelen ser en muchísimos casos, el primer paso hacia otra forma de alimentación. El resto de razones suelen venir después. Y es que… ¿Qué derechos tiene el hombre sobre los animales? ¿Puede imponer su alimentación al bienestar otros seres? Para los vegetarianos la respuesta es contundente: los animales tienen el mismo derecho que las personas a gozar de una vida saludable, sin sufrimiento y muerte provocada. En la actualidad, no se trata ya sólo de matar animales para comer. Hay que ir mucho más allá y denunciar las terribles condiciones en las que viven, para acabar siendo sacrificados.

Buscando siempre obtener el mayor beneficio posible, en las granjas ganaderas se hacina a los cerdos, vacas, gallinas, terneros, gansos, y demás animales, de forma que apenas puedan moverse. Se les priva del aire libre y se les alimenta con hormonas, para que engorden y produzcan más. Además, como al estar encerrados y tan juntos, se convierten en un foco constante de infecciones, se les administran antibióticos y pesticidas, que en muchos casos, permanecen en su carne. Y hay algunos ejemplos aún más escalofriantes, como los casos en los que se cortan los picos a las gallinas para que no se hagan daño entre ellas. Tampoco hay que dejar fuera de estas injusticias a los peces. Es normal que muchos sientan mayor empatía por una vaca que por una sardina, pero el sufrimiento que puede padecer ésta última no es nada desdeñable. La mayoría de peces mueren por descompresión al ser arrastrados fuera del agua, o asfixiados una vez están fuera de ella.

De todas formas, no es el fin de este artículo recrear las terribles condiciones en las que viven algunos animales, ni buscar la truculencia. Simplemente pretende ser un reflejo de la situación actual, y cómo ésta motiva a muchos a tomar una serie de acciones.

Otro punto que cabe destacar a la hora de plantearse un vegetarianismo como opción frente al maltrato animal, es el especismo. Este término se refiere a la discriminación moral de los individuos por pertenecer de otra especie, y muchos lo equiparan con la xenofobia o el racismo. Hoy en día, para casi todos es evidente que las diferencias entre humanos de distinto color de piel no deben suponer marginación ni discriminación. Para muchos, las diferencias entre animales y personas tienen el mismo fundamento: no somos más que animales humanos, frente a otros animales no humanos. Se trata simplemente de diferentes especies, y para ellos no tendría que haber una dominante y otra dominada.

Aunque puedan parecer argumentos modernos, el respeto a los animales aparece ya muy presente en autores y filósofos vegetarianos de la antigüedad. Porfirio aseguraba que los animales tenían también capacidades racionales, por lo que no podían considerarse inferiores a los humanos. En el siglo XVIII surgió un renovado interés por el tema, cuando Descartes afirmó que los animales eran incapaces de sentir dolor. A partir de entonces y hasta llegar a nuestros días, son numerosos los pensadores que se han mostrado partidarios de vegetarianismo por motivos éticos: Richard Wagner, Leon Tolstoi, Howard Williams, Henry Salt, Tom Regan…

Pero los animales no son los únicos damnificados. Conviene recordar que una gran parte de los habitantes del planeta sufre la epidemia del hambre y la malnutrición. El hecho de que más del 60% del grano cultivado en el mundo se destine a alimentar a los animales de la ganadería da mucho que pensar. Este infrautilización de los terrenos de cultivo, que podrían servir para alimentar a la parte de la población que pasa hambre, lleva a muchos a plantearse un cambio de alimentación. Si se conservara el cereal producido y se entregara a las personas desnutridas en lugar de al ganado, se podría alimentar fácilmente a todos ellos.

Según muchos estudiosos y seguidores del movimiento vegetariano, el que toda la población mundial fuese vegetariana, sería la solución para acabar varias veces con el hambre en el mundo. No hay que olvidar que comer carne se considera injusto por el efecto negativo en  los animales, pero también por en las personas.

3. De salud

Aunque los motivos éticos y medioambientales tienen un enorme peso a la hora de tomar la decisión de dejar a un lado carnes y pescados, hoy en día las razones de salud son el tercer pilar en el que se apoyan los vegetarianos.

La preocupación por la salud relacionada con la alimentación siempre ha existido, pero según avanzan las investigaciones sobre productos químicos en los alimentos y sus posibles consecuencias nocivas para las personas, más gente se fija más en lo que come. No en vano, sólo hace veinte años que se reconoce que una dieta vegetariana puede ser igual de sana que una dieta omnívora. Desde luego, para muchos no es sólo igual sino mucho más saludable. Y si estos además son biológicos, mucho mejor.

A pesar de todo, aún se mantiene la idea de que las dietas vegetarianas son desequilibradas, pues no permiten la obtención de todos los nutrientes necesarios para el organismo. Años de estudios y de personas llevando a cabo esta alimentación han demostrado que se puede vivir satisfactoriamente, eso sí, llevando un buen control y siendo conscientes de las necesidades de nuestro cuerpo.

Para favorecer la producción y el engorde, al ganado suelen suministrársele hormonas, antibióticos y otros productos químicos, que permanecen en su carne después de muertos, en menor o mayor medida. Esto significa que cuando nos alimentamos de animales, parte de estos productos pasan a nuestro propio organismo. Hay que decir que la regulación en este aspecto es bastante exhaustiva, y que no hay evidencias de que estas sustancias tengan efectos negativos directos sobre las personas. Sin embargo, no deja de constituir una fuente de elementos ajenos al organismo, y por ello no beneficiosos.

Pero más allá de estas cuestiones, existen otros razonamientos que ensalzan las virtudes del vegetarianismo frente al omnivorismo en cuanto a la salud se refiere. Si sólo fuera por los “aditivos” que lleva la carne, muchos consumirían carnes ecológicas en lugar de eliminar la carne de su dieta. La carne tiene un contenido en grasas alto, algo que provoca numerosos problemas de salud, especialmente cuando se toma en exceso y no se elimina del organismo, dada la vida cada vez más sedentaria que llevamos. Consumir tanta grasa animal provoca problemas del corazón y obstruye las arterias, además de derivar en enfermedades como la obesidad.

Según algunos estudios, una dieta vegetariana conlleva una serie de beneficios para la salud, que pasamos a enumerar aquí:

Corazón sano: las personas vegetarianas suelen tener niveles de colesterol bajos, pues los alimentos que se consumen son bajos en grasas saturadas. La fibra también es un importante aliado en esta función de manetener sano el corazón.

Baja presión sanguínea: al reducir el consumo de sodio, desciende la presión sanguínea, incluso de manera muy notable.

Prevención del cáncer: según algunos estudios, una dieta rica en vegetales y fibra reduce las posibilidades de padecer ciertos tipos de cánceres. Aunque parece haber cierta relación entre dieta vegetariana y baja tasa de cáncer, no se ha podido demostrar nada.

Huesos más fuertes: Según algunos estudios, las proteínas animales favorecen la descalcificación ósea, aunque se consuma mucho calcio.

Además de estos beneficios, existen mucho otros como alivio del estreñimiento, disminución de los cálculos biliares o el mejor equilibrio ácido – base. Y por supuesto, hay quienes aseguran sentirse más vitales y enérgicos, desterrando el mito del vegetariano apático y reposado.

Hay que tener en cuenta que estos son algunos beneficios obtenidos por algunos estudios y personas, pero cada uno debe ser consciente del funcionamiento de su propio cuerpo y cuidar una dieta rica y variada.

Desde este artículo sólo se pretende presentar un modelo saludable de alimentación. Si quieres opinar al respecto, no dejes de hacerlo, esperamos tus comentarios.

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