Hay una “moral” esencial y universal que nace de la substancia del hombre como tal, en la que la compasión hacia todos los seres está siempre presente. En el hinduismo esa virtud se nombra como Ahimsa: la no violencia, la compasión hacia todas las criaturas vivientes.

El movimiento vegano nació en el sigo XX dentro de la Sociedad Inglesa Vegetariana, al que pertenecía Gandhi, y aunque una de las principales razones para adoptar el vegetarianismo en aquella época era por la salud, muchos de los veganos actuales no quieren comer ningún tipo de carne animal, ninguna leche, miel, huevos o consumir ningún producto elaborado con animales o en el que ha intervenido el sufrimiento de animales como la cosmética o medicinas que usa animales para testar y experimentar… por razones éticas que incluyen la compasión o la defensa de la ecología por las consecuencias  ambientales de la ganadería intensiva.

Muchos vegetarianos lo son por salud, pero muchos otros los son también por una sensibilidad hacia el sufrimiento que les obliga internamente a ir contracorriente, como salmones, ante la desidia general ante el inmenso y atroz sufrimiento que estamos infringiendo a los animales, desde la aparición de esta cultura del materialismo y su hijastra el maquinismo feroz, que trata la conciencia que subyace en todo ser como pura mercancía sin alma y cuya crueldad hacia ellos es de novela de terror.

El planteamiento vegano actualiza, con los mimbres del pensamiento moderno, esa inquietud universal que hay en toda alma cuando se va haciendo consciente de la naturaleza del sufrimiento y surge el anhelo de evitar participar en esa generación de sufrimiento que está fuertemente expresada en muchas tradiciones religiosas como el budismo y en el jainismo, hasta el límite de no permitirse ni matar insectos.

Y en algunos se encuentra una actitud política como la de Einstein, un vegetariano convencido, que abogaba por este tipo de dieta, para lograr la paz en este mundo, pues era consciente de que los alimentos son el origen de la química corporal y que lo que comemos afecta nuestra conciencia, emociones y patrón experimental, somos lo que comemos, visión que entronca, de alguna manera, con la sabiduría de los Vedas, que sostiene que si se consumen alimentos de origen animal, se introduce cólera en la propia mente y cuerpo así como envidia, temor, ansiedad y terrible miedo a la muerte, todos ellos encerrados en la carne de las criaturas sacrificadas. Hay tantas visiones sabias compartiendo este planeta diverso…

Sean los motivos que sean, cada vez hay más personas que quieren ser vegetarianas o veganas, en un movimiento que a muchos desconcierta, alegan motivos de salud, ecológicos y ambientalistas, políticos, económicos, morales y espirituales, algunos más fundados que otros, pues ya sabemos que el conocimiento científico siempre es parcial por su propia naturaleza y genera de continuo teorías contrapuestas, por eso muchos se enfrentan al rechazo y al desconocimiento de los principios nutricionales que están detrás de este tipo de dieta, por eso el tránsito necesita del sentido común que nace de una formación sólida en nutrición, máxime cuando muchos veganos quieren que toda la familia partícipe.

Ese es el objetivo de la médico pediatra  Miriam Martínez Biarge colegiada en España y Reino Unido, que se dedica a divulgar su conocimiento para dirimir miedos, prejuicios, dudas y mitos, poniendo especial hincapié en la alimentación de los niños, un tema socialmente delicado. La Doctora impartirá este fin de semana un taller en Biocultura para dar a conocer quela alimentación vegetariana está avalada por las más importantes asociaciones internacionales de medicina y nutrición. Una alimentación vegetariana o vegana adecuadamente planificada proporciona todos los nutrientes que los niños necesitan para crecer y desarrollarse armónicamente y además ofrece numerosos beneficios para su salud”.

Les cuento todo esto pues hoy visité Biocultura y mientras saludaba a los hobbits de este planeta España salió este tema con una amiga que “le ha salido una adolescente vegana” y pensé que quizá le estaba pasando a muchos otros padres y nos dimos cuenta de la necesidad de formarse para que la opción elegida, que es desconocida y considerada por muchos sectores como una ideología peligrosa para la salud, ya hay casos de pérdida de la custodia de los hijos por adoptar la dieta vegana, en la que por supuesto hay muchos otros motivos, por lo que pertrecharse de sólidos argumentos fundados en los avances científicos en nutrición puedes ser una vía posible, sumada al sentido común, que ha de formarse también, para dar pasos seguros en esta decisión que puede ser no sólo saludable sino también un carro de combate posible ante el sufrimiento atroz que estamos infringiendo a los animales con los que compartimos viaje.

Más información del taller

Beatriz Calvo Villoria

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