Inició una serie de post acerca de la salud desde una perpectiva intrgral.

La salud es una preocupación universal; como seres vivos todos aspiramos a la felicidad y a evitar el dolor. Este deseo de salud, de bienestar físico y mental completo, es la expresión de esa aspiración, pues todos queremos estar sanos y nadie desea enfermar. Buscando un concepto de salud lo más amplio y holístico posible, que no deje fuera ninguna de las dimensiones que componen el ser humano nos adherimos a de “salud integral”.

Creemos que el estado actual de la naturaleza es el reflejo de un alma humana profundamente desconectada del ambiente que la nutre. La contaminación crítica por la que se ven afectados todos los elementos preciosos de este planeta, no son sino el reflejo de la contaminación física y psíquica que sufrimos, de forma cada vez más alarmante los seres humanos: cáncer, fibromialgias, alergias, fatigas crónicas, depresión, locura…

La verdadera ecología comienza en el corazón pacificado del hombre que acepta su lugar como guardián y custodio de la tierra, y esa paz sólo se logra reintegrando los elementos dispersos de su ser, cuerpo, alma y espíritu, en una única unidad.

Cada vez en mayor la reivindicación, formulada por un sector cada vez más amplio de la sociedad, de una medicina que contemple esta dimensión completa y unitaria del ser humano; de este modo, para poder enfrentarse a la enfermedad o el desequilibrio desde distintas perspectivas terapéuticas —como pueden ser las llamadas medicinas complementarias y las medicinas tradicionales (también conocidas como terapias naturales o no convencionales)—, que pueden ayudar a alcanzar el equilibrio perdido, aunque por desconocimiento sean consideradas, incluso en países como el nuestro, prácticas obsoletas o primitivas, o hasta mágicas o carentes de cualquier base científica.

Los sistemas médicos o terapias médicas integrales se construyen en torno a sistemas completos de teoría y práctica. Y los voy a dividir en sistemas médicos integrales tradicionales, que se han desarrollado en culturas no occidentales, como pueden ser la medicina tradicional china o la medicina ayurvédica —un sistema milenario originario de la India—, del que ya hemos habado en otra entrada y en sistemas integrales no tradicionales que se han desarrollado en la cultura occidental como la homeopatía y la naturopatía, entre otros.

A continuación iré relatando en distintas entradas sólo algunas de las principales terapias naturales o medicinas complementarias que podemos encontrar actualmente en Occidente, basando nuestra elección en una mayor verificación científica de sus beneficios. La idea es facilitar información que nos ayudé a decidir si una determinada terapia natural o medicina complementaria es la más conveniente para la dolencia que le aflige o para desarrollar una determinada faceta de su ser.

No podemos dejar de señalar que el mayor problema con que se encuentran este tipo de medicinas o terapias naturales para conseguir su implantación en nuestra sociedad es el hecho de no estar reguladas por el Estado, lo que dificulta la formación de estos profesionales. Dejando a este colectivo a merced de problemas como la no homologación de sus estudios, la posibilidad de intrusismo y los celos y reservas de los colegios de médicos, enfermeros y fisioterapeutas, que en defensa de sus intereses corporativos, y junto a los laboratorios farmacéuticos, se empeñan en ignorar que tanto la Unión Europea como la Organización Mundial de la Salud reconocen las capacidades terapéuticas de las llamadas «medicinas no convencionales», «alternativas», «complementarias» o «tradicionales».

Todo el colectivo de profesionales de la medicina natural, a través de sus asociaciones y federaciones principales, demanda como única solución, la regulación. Como dice Ramón Mª Calduch, Vicepresidente de la Fundación Europea de Medicina Tradicional China, haría falta una regulación «en defensa de los intereses de los ciudadanos y de los profesionales del sector, asegurando así la calidad necesaria e impidiendo la práctica profesional de iluminados y falsos terapeutas que hoy campan a sus anchas, desprestigiando el sector y la profesión».

Beatriz Calvo Villoria

 

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