Tradición

Seamos políticamente incorrectos en la cultura de la postmodernidad que ha dado lugar a un subproducto filosófico inquietante, la postverdad y reivindiquemos la Verdad que vehicula otra palabra maldita para los que progresan indefinidamente hacia el abismo: Tradición, con mayúsculas.

Perdonen mi radicalidad, sé que estos términos no son los habituales, pero son los términos  a los que se suman cada vez más  autores que hacen una crítica al predominio de la racionalidad occidental que interpreta todo desde parámetros mecanicistas y materialistas, creando una cultura de relación con la naturaleza teñida de exclusiva practicidad, con los problemas que todos sabemos que eso ha ocasionado: la hegemonía de un modelo cultural occidental de progreso indefinido que ha acabado matando nuestro espíritu por una materialización progresiva, para terminar después con el resto del globo, con esa gran mayoría de víctimas que le sobra al neoliberalismo, un capitalismo transnacional llevado al extremo.

Así que allá vamos, al cielo de las ideas metafísicas, más allá del mundo material, donde la nueva religión de la ciencia se siente cómoda y ha instaurado su reino, un reino en el que, como decía Nietzsche, Dios ha muerto, lo sagrado ya no existe.

Cuando hablo de tradición no se habla  de costumbres o usos, no me refiero a lo que hoy se entiende por esa palabra de actividades puramente en el nivel de lo humano, no hablo de la intervención de factores humanos ya sean sociales, psicológicos, tal como la actual ciencia de la historia de las religiones quiere hacernos creer con la intención de reducirlo todo a lo humano, negando que haya un orden que lo sobrepase.

La Tradición implica un elemento de orden suprahumano, un Principio Absoluto que algunos llaman divino, que se comunica en el origen de cada civilización para señalar al hombre la verdad; este es, de hecho, el elemento esencial y constitutivo.

“Tradición” significa etimológicamente “transmisión”, la transmisión desde el Cielo de una visión profunda de lo que es el Hombre, cuál es su origen y cuál su destino, su función, cualidades y facultades, una visión demasiado profunda para ser encerrada en definiciones racionales y que apunta a que su existencia en la tierra tiene un sentido sagrado.

La tradición bajo todas sus formas es un recuerdo de esa visión intemporal del hombre y de su origen, ya se trate de la transmisión de leyes y costumbres sagradas o la transmisión de su significado espiritual y nos trasmite que el hombre verdadero es el mediador entre el Cielo y la Tierra, que enlaza lo relativo y lo absoluto, el firmamento y el suelo, como las dos alas de un pájaro que le permiten volar en el cielo y posarse en la tierra gracias a la integración de su doble naturaleza. Seamos humanos, defendamos la tierra desde las raíces de la Verdad que nacen en el Cielo.

Beatriz Calvo Villoria

ComparteEmail this to someoneTweet about this on TwitterShare on Facebook85Share on Google+0Share on LinkedIn0Pin on Pinterest0