Escuchar a Joaquín Araujo es escuchar un río de palabras, que nace en una inteligencia emboscada en lo más profundo de un bosque imaginado, o mejor dicho, recreado magníficamente en su corazón y en un rincón de Extremadura donde ha plantado miles de árboles para el bien de todos, presentes y futuras generaciones, que podrán holgar bajo su sombra, bendita imagen de reposo en la belleza.

Joaquín es un emboscado, un hermano de la madre selva que expele sus aromas para la embriaguez de quien se entrega, del árbol en sus miles de expresiones; de los pájaros, con los que sabe hablar en su propio idioma, pues los ha escuchado con atención plena hasta desaparecer en sus trinos; hermano y discípulo de la sabia savia, que lleva implícita lecciones magistrales para los economistas desalmados, amigo de lagartijas, culebras y culebrillas, topos y mariquitas e incluso de las piedras que como maestras enseñan de permanencia y estabilidad minerales, ¡quién las tuviera! Y en definitiva hermano de todos los compañeros de este magnífico viaje que es la vida.

San Francisco

Como buen emboscado Joaquín es un Robin Hood que roba a los ricos opresores su falta de vergüenza para que se sientan desnudos ante su tremendo pecado, cuando violentan a su madre la natura en miles de fechorías, actualmente de carácter abominable en muchos casos, y les tiende emboscadas con flechas de palabras preñadas de una tremenda sensibilidad a la belleza de lo que se está destruyendo por un egotismo irracional y desmesurado.

Clama sin pelos en la lengua -y con una prosa poética que despierta intuiciones atávicas- que devuelvan a la ecología el lugar que le corresponde, que no sean hipócritas teñidores de verde de lo que es negro en su intención, el acaparamiento de bienes para engordar su desmedida ansias de una plenitud que no llega, y nunca llegará por el horizontal plano de las cosas materiales, pues la plenitud está más allá de las cosas que podamos poseer.

Y clama desde todos los medios de comunicación a su alcance, que apuesten realmente por la vida, y que reorienten las herramientas, que el Prometeo que la sociedad lleva dentro ha pergeñado para la destrucción en herramientas para la reconstrucción, o mejor dicho que calmen la velocidad insaciable de las máquinas y su madre la tecnología y dejen hacer de nuevo al tempo orgánico de la naturaleza reconstruir el arrasamiento de estos hunos posmodernos, profundamente desconectados del atardecer que pliega y recoge y el amanecer que despierta y florece. Quién tenga ojos para ver…. En los horizontes están escritas las verdades.

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Joaquín lleva toda una vida invitándonos a volver a empezar imitando la ley cíclica de la naturaleza que empieza cada año sus danzas de renovación y muerte, con una tenacidad asombrosa, inventando millones de primaveras únicas e irrepetibles, pero que son la misma primavera de un corazón que se enamora. Y nos habla de una fugacidad que nos asalta cada vez que la bella rosa se marchita ante nuestros ojos, de destrucciones y creaciones continuas, de una impermanencia que lo desviste todo de verdadera realidad, que maravilla al de ojo atento, corazón atento.

Nos invita en esta entrevista del Hilo de Ariadna a disfrutar del gozo de la limitación voluntaria pues uno se sabe suficiente y no necesita seguir exprimiendo las ubres de la naturaleza a modo industrial y deshumanizándonos en una confortabilidad enfermiza y nos invita a descansar en el tempo lento de la naturaleza que no cesa de manar consuelos. Y volver la mano a la azada y crecer con lo que crece. Vivir con la Vida

Beatriz Calvo Villoria. Directora de Ecocentro TV

 

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