Hace unos meses el periódico el País publicó un indecente artículo titulado Deje de comprar comida ecológica si quiere salvar el planeta. Ya sabemos que los medios de comunicación de masas están vendidos al gran capital y uno de los capitales más poderosos es el que juega con la alimentación y el hambre del mundo, que todo va junto. Hablamos de la agricultura industrializada, intensiva, biotecnológica; madre de engendros como los transgénicos, híbridos infértiles de insospechadas consecuencias, aún no medidas, pues no ha pasado el tiempo suficiente para verificar lo que el sentido común sabe.

Un artículo indecente pues defiende, como un abogado del diablo, a la agricultura perversa, adicta a los insumos químicos, y que ha arruinado la vida sencilla de campesinos tradicionales del mundo entero. Con su falsa Revolución Verde los ha llevado literalmente al abandono de la única profesión que no nos podemos permitir que desaparezca para ser soberanos. Ha vaciado los pueblos y aldeas del planeta hacia las mega ciudades, canceres insoportables del paisaje y de la salud mental.

Y ha llevado al suicidio a miles de ellos, al arruinar sus vidas asociadas a la tracción animal, al estiércol, a los ciclos naturales de tempo naturalizado, a la vida de residuo  cero, donde todos se aprovechaba, todo tenía un sentido. Sustituyendo su cultura de lo agro, de lo vivo, por una agricultura de máquina, de petróleo, de subidas continuas de precio, de créditos para pagar tractores inorgánicos, precursores de los robots que viene a robar lo que queda de mano de obra humana, de manualidad, de talento artesano, de humanidad.

Indecente porque defiende los intereses de una agricultura que lleva décadas intoxicando aguas, ganados, animales, seres humanos, con sus pesticidas, y demás inventos químicos lucrativos. Impuestos durante décadas por instituciones como el FMI, que chantajean gobiernos y naciones, burlando las fronteras y los desposeen de su soberanía alimentaria.

Indecente porque se burla del esfuerzo sostenido, desde hace décadas, de enfrentar este poder de Mordor por parte de la agricultura ecológica, que lucha contra Goliats insoportables, teniendo que demostrar, con sellos de burocracia kafkiana, que hacen las cosas con inteligencia natural, mientras que ellos ocultan en sus etiquetas sus latrocinios, que nos están envenenado lentamente y nadie les obliga a decir la verdad de lo que sirven en nuestros platos.

Está demostrado por todo tipo de investigaciones científicas independientes que la alimentación mal producida por esta terrible agricultura intensiva propia de Polifemos ciegos de un solo ojo, sin perspectiva ni profundidad de lo que sus actos producen; un pensamiento único contrario a la dinámica sistémica de la vida, es la causa de gran parte de las enfermedades de nuevo cuño que están devastando la salud de los habitantes del planeta.

Indecente porque defiende un capitalismo feroz, y nunca nos cansaremos de señalar su obscena codicia que ha agotado la fertilidad del suelo, modificándola para siempre, haciendo que los nutrientes sean cada vez más escasos, pues los efectos combinados de la agricultura intensiva, la selección de variedades de crecimiento rápido, el agotamiento de los suelos y el consumo de alimentos altamente modificados provocan un drástico empobrecimiento de nuestra alimentación.

Como así lo demuestra una recopilación de estudios americanos, canadienses e ingleses publicados en los últimos 15 años que ha medido la pérdida de nutrientes de los alimentos en las últimas décadas y son realmente inquietantes: “Una manzana, por ejemplo, contenía en otro tiempo 400 mg de vitamina C, mientras que hoy sólo aporta 4 mg -es decir, 100 veces menos-. Lo mismo ocurre con la vitamina A, que ha desaparecido completamente de las patatas y las cebollas. Y también pasa con el calcio y el hierro, cuyo contenido descendió en un 80% en los vegetales que se estudiaron.” Tener salud.

Pues este artículo no solo no se avergüenza de la senda de destrucción que ha dejado por todo el planeta este Atila mecanizado en tractores  (el caso del glixofato en Argentina es cine de terror, pronto tendremos la oportunidad de ver un excelente documental de Carlos de Prada contándonos el drama inmedible de sufrimiento que las prácticas agrícolas industrializadas han producido en esa parte del planeta) sino que ufano y provocador, la soberbia que da el poder económico es obscena, subtitula el artículo con: “Consumir ‘bio’ no le hace amigo del medioambiente: supone una amenaza para las selvas tropicales y más emisiones de dióxido de carbono. La salud tampoco los echará de menos.”

Indecente porque para justificar su provocador titular cita a  diestro y siniestro artículos “científicos”, la nueva religión del hombre contemporáneo, una religión decadente, que apañan los resultados y sesga las investigaciones en beneficio del mejor postor, vendida la verdad a benefactores de cátedras de investigación, en una Universidad que ha vendido su alma.

Estudios que violan el sentido común de cualquier sabio campesino como Masonobu Fukuoka que cuando llegó a España, con la humildad proverbial que le hizo famoso a él y a su granja de cítricos en el mundo entero, viendo nuestro paisaje con el ojo de su corazón comentó: “Incluso comparado con los paisajes africanos estos paisajes son desiertos rocosos, que serán muy difíciles de reverdecer. A las verduras parece que les falta el sabor delicado, creo que este sabor delicado que les falta es como si la naturaleza fuera muy simple y los nutrientes también son muy simples. Parece que esto le pasa a toda la naturaleza. A la naturaleza le falta vitalidad, y esta falta de vitalidad se transmite a la comida y a través de la comida a las personas. No veo variedades en los campos.

Así que nos oponemos firmemente a la tendenciosidad, al intento de desprestigio de una de las pocas alternativas saludables ante tanta desmesura, recuperar el sentido común en la agricultura que nos alimenta el cuerpo y el alma. Después del ardor de mis palabras les dejo con la réplica sosegada que nuestra querida Montse Escutia, de la combativa Vida Sana hizo en el Blog de AlterConsumismo, en el mismo periódico que dio pábulo a esa retahíla de injusticias con la verdad de un mundo que se muere por una civilización que, para su desarrollo, ha sacrificado a la madre naturaleza.

“Compre comida ecológica si quiere salvar el planeta”

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