Cuando tu cuerpo tiene que digerir y asimilar los nutrientes, mucha energía se centra en el sistema digestivo, dejando con menos energía a la mente, el sentir, la capacidad de entrar en el estado de meditación y el resto de funciones.

¿Quién no ha notado después de una comida copiosa el sopor, cansancio y sueño?

El sistema digestivo es el que más energía gasta de todo tu organismo. Es muy complejo, intervienen muchos órganos y muy largo. Puede llegar a gastar hasta un 70% de energía vital.

Cuando comes en exceso y alimentos refinados, industrializados, de origen animal… se derrocha mucha energía en el proceso digestivo y habrá menos lucidez mental, menos energía para el cerebro, los sentidos y menos capacidad para meditar.

Cuando comes de una forma no adecuada, sin respetar la correcta combinación de los alimentos y fuera de unos biorritmos en los que el cuerpo no está preparado para digerir ni asimilar, tendrá que hacer un extra de esfuerzo.

Igual pasa cuando comes sin que el cuerpo lo demande.

Generalmente, te alimentas pocas veces con hambre real. Comes por ansiedad, aburrimiento, gratificación, vacío,  ocupar un espacio, porque te lo ofrecen, por vida social, ocio, placer, horarios, etc.

Cuando comes más por una demanda mental, emocional o relacional, tu cuerpo no está preparado para digerir ni asimilar. De nuevo se despilfarrará mucha energía vital.

Si la energía está en el proceso digestivo no se elevará a campos más sutiles. Estarás anestesiado y dormido.

Cuando comes correctamente y la cantidad que el cuerpo te demanda, la energía fluirá mucho mejor, estarás más lúcido, despierto y vital, facilitando la meditación y la presencia. Habrá menos inercia de pensamientos en tu mente y las emociones estarán más calmadas.

Todos sabemos lo recomendable que es no meditar con el estómago lleno. Es por la energía que necesita la digestión y asimilación de lo que comes.

Cuando el sistema digestivo está vacío, habrá un gran extra de energía vital.

Ya no sólo para cuando vas a hacer meditación concretamente. La vida tendría que vivirse lo más posible en meditación y presencia.

La alimentación vegetariana y el ayuno han sido unas prácticas habituales en la espiritualidad. Místicos y filósofos lo han tenido muy en cuenta y lo han practicado desde tiempo ancestrales.

Prácticas como el ramadán para el islam o la cuaresma para los cristianos. Dejar de comer ayuda a la meditación, estamos más sensibilizados, podemos sentir más, las energías fluyen de forma más equilibrada.

En la tradición musulmana se dice que Mahoma dijo: “a través de la oración recorremos la mitad del camino al cielo y a través del ayuno lo recorremos entero”

En la tradición Taoísta se practica el arte de Bigu; Bi (evitar) y gu (comida).

Según las escrituras taoístas, “el ayuno es necesario para cultivar la perfección en un templo taoísta. Se debe tener cuidado con lo que se dice y ser prudente para no cometer errores. Entonces se puede acercarse al Tao”

El ayuno, por razones espirituales y religiosas, ha sido parte de las tradiciones humanas desde la prehistoria. Se menciona en el Upanishad, en el Mahabharata, en la Biblia (tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento), en el Talmud, en el Corán y en el Libro de Mormón.

El hinduismo concibe la comida como una gratificación para los sentidos. Por lo tanto, ayunar eleva al hombre a un nivel de contemplación superior, constituyendo un elemento de auto disciplina y concentración, un entrenamiento físico y mental que fortalece y purifica al individuo.

Una actividad muy común entre los Jainistas, quienes la suelen practicar tanto en fechas señaladas como en festividades y días sagrados. Para la mayoría de Jainistas, el ayuno constituye una forma superior de práctica espiritual, por encima incluso del culto en el templo

Kata Upanishad (hinduismo)

El Higienismo tiene en cuenta que los alimentos vivos como las frutas, verduras, hortalizas, germinados, brotes, etc… recogen la energía del sol, la tierra, el aire y el agua. De estos 4 elementos se condensa la “quintaesencia” (Energía Vital).

El Ayurveda a esta energía la llaman Prana. Hay un Prana global, el que engloba todo el universo y luego uno individual, el de cada persona. Este Prana individual es el que se nutre del Prana de los alimentos.

Si el alimento es cocinado, muere y estas energías desaparecen.

No hace tanto se descubrieron los antioxidantes y las enzimas. Se seguirán descubriendo nuevas sustancias vitales según vaya avanzando la ciencia.

Finalmente, se podrá demostrar que los alimentos vivos tienen una energía vital imprescindible para una vida más saludable, consciente y feliz.

Roberto Chakra

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