Viajamos con estas letras a los laboratorios bioquímicos del amor, para entender desde parámetros tangibles, porque el amor es la argamasa que une el universo, que une los cuerpos y las almas de las madres y sus recién nacidos. Nos aproximamos por una de sus facetas hormonales. La oxitocina.
Hablar de oxitocina es adentrarnos en un mundo interno, suave, pacificado, pasivo, donde habita la calma, la sanación, la creatividad, la intuición, la confianza. Cualidades desdeñadas por un sistema de pensamiento que ha necesitado para edificarse en su castillo de naipes infravalorar la caricia, los niños revoloteando entre las piernas, la ternura de un abrazo, la lactancia, la maternidad, la amistad, la cooperación, la sexualidad abrigada de amor que une. Cualidades que nos relajan, nos hacen sanos, fuertemente vinculados los unos a los otros, que trasmutan el mundo propio y el ajeno cuando enferma de estrés, ansiedad o fobia.
La polifacética oxitocina, hace que las mujeres alumbren y queden perdidamente enamoradas de sus vástagos en una sola mirada. Por eso es tan importante defender ese periodo sensible que sucede después del parto, en el que el recién nacido repta hacia el pezón, guiado por el olfato y el tacto haciendo caricias con su cuerpo, sonidos con su alma y derramando su olor sobre el pecho de la madre, para disparar con sus impetuosas succiones una neuroquímica del amor llamada oxitocina y prolactina, que teje el vínculo seguro, la impronta para toda una vida.
No dejemos que esta cultura de la seguridad que inculca miedo y ha convertido el parto en una enfermedad nos siga raptando la oxitocina que teje amores. Defendamos la no separación madre-bebé después del nacimiento y la lactancia materna, porque en esos momentos milagrosos se producen altas descargas de oxitocina que desencadenan una respuesta maternal hacia el “Sí quiero” incondicional y favorecen un fuerte vínculo.
Combatamos pues a un sistema que financió estudios para que las mujeres dejaran de amamantar, abrazar y consolar los lloros, promoviendo la lactancia restringida para desmantelar los vínculos, desmantelar familias, desmantelar oposición humana a su objetivo de maquinarnos a todos entre sus tripas tecnológicas de márgenes y beneficios haciendo estallar la impronta que se escribe en cada amamantamiento y amamantemos exponiendo esa sexualidad bendita de la lactancia, del pecho expuesto y la boca jugosa de leche, que tanto abruma a los timoratos… y produzcamos oxitocina, bombas de emociones positivas.
Beatriz Calvo Villoria

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