Dice Ibn Atta Allah en sus hikma, que los dones recibidos se fijan por sus anclajes, que son el agradecimiento, sino desaparecen, para que surja un nuevo don, en este caso venido del aspecto del Rigor que rige la ley del universo, y seamos conscientes de su pérdida y de la importancia de la gratitud que no tuvimos. Otro anclaje de los dones que recibimos es la generosidad, nacida de la alegría del regalo y de la conciencia de la infinita Generosidad que se derrama a diario en nuestras vidas. Emocionado ante los dones interiores y exteriores de la existencia el corazón quiere continuar esa cadena de transmisión de dones y ejercer a imagen y semejanza del Cielo la misma donación y entrega hacia los prójimos. Como decía Itivuttaka “monjes, si  los seres conocieran, como yo conozco, la maduración de compartir los dones, no los disfrutarían sin compartirlos.”

La crisis actual cuenta mucho del estado de nuestra alma colectiva que olvidó “dejar de vivir como un yo, y tomar a mis semejantes como a mi mismo.” Shânti-deva. Y con su egoísmo e individualismo de “este soy yo y ése es el otro” se fueron encadenando una serie de consecuencias nefastas que se manifiestan en esta última dictadura de la Tecnocracia que ejecuta una política de temor para defender los principios de la macroeconomía sin alma. Pero todos hemos querido prosperar a costa del tercer mundo, nuestros ahorros han beneficiado las espurias prácticas de los bancos y mientras comprábamos más y más bienes de consumo nos olvidábamos de las consecuencias que a nuestra Madre Naturaleza eso le producía.

Ahora cosechamos las tempestades, algunos tienen más responsabilidad que otros pues su alevosía era manifiesta, otros hemos pecado por omisión y hemos comido frente al televisor mientras el cuerno de África se desecaba en hambre. Y hemos querido más y más: más viajes, más coches, más ropa de temporada, más I pod´s y no nos sentíamos saciados y por supuesto agradecidos, porque, por ejemplo, al grifo de nuestras casas llegase el agua, a diferencia de tantos lugares en el mundo donde el agua es putrefacta. “Quien se sirve mal de la humanidad se sirve mal de sí mismo.” Sexto el pitagórico.

Nuestro corazón se ha endurecido y la crisis nos brinda la oportunidad de ablandarlo si el miedo no se apodera antes. Son tiempos de mucho sufrimiento y hoy más que nuca habrá que dar de comer al hambriento, habrá que dar de beber al sediento, acoger al peregrino-refugiado, vestir al desnudo, visitar al enfermo y ser herramienta del Amor que con su aspecto de justicia nos saca del templo a latigazos, un templo que no hemos sabido honrar ni habitar con pureza sino que lo hemos corrompido al separarnos del Espíritu que mora en nosotros. “Contra todas las desventuras cotidianas y las peores calamidades, nada hay que proteja tan eficazmente a un hombre como los actos de bondad.” Shekel Acodes.

Una bondad que será más pura cuanto más conciencia tengamos de que cuando alimentamos, vestimos y atendemos a alguien “lo estamos haciendo a nuestro propio cuerpo, por lo que no esperamos ninguna recompensa ni alabanza ni elogio, porque todos los cuerpos son nuestro propio cuerpo; pues nosotros como el Âtman o espíritu que todo lo impregna, residimos en todos los cuerpos.” Swami Ramdas.

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