La cola de entrada al Polideportivo de Granollers serpenteaba rápida hacia su meta. Personas de todas las edades y condiciones esperaban inmersos en una extraña mañana de noviembre, por su inaudita temperatura cuasi veraniega, que confirmaba al testigo atento que el mundo está cambiando, el clima se calienta, fruto de una humanidad mentalmente recalentada de deseos.

En el interior esperaba Amma, una santa hindú que viaja por el mundo entero realizando una enseñanza basada en un abrazo lleno de amor y compasión a todo el que se acerca hacia sus brazos. Fue entrar y desaparecer el mundo, durante 10 horas que permanecimos allí la mente se detuvo, el escenario de este episodio de conciencia ecuánime y corazón amoroso era un gris polideportivo, pero que lucía transformado por la presencia de la santidad, esa conciencia ininterrumpida de la Presencia divina, en esta ocasión vehiculada por una mujer que encarna el aspecto de Misericordia de la Divinidad.

Amma era el centro inequívoco de todo lo que allí acontecía, gracias al eje que ella manifiesta el juicio se suspendió, la mente no podía detenerse a pensar, iba de un lado a otro lado simplemente observando con absoluto desapego y con una extraña sensación de paz y alegría inhabitual. Grandes televisores mostraban el sobrenatural Darshan de Amma, desde las 10 de la mañana una corriente humana de personas en un riguroso orden que evitaba el caos se iban aproximando a ese hueco que el inexistente ego de la santa ha dejado para que el Ser sea, un abrazo de menos de un minuto, a veces fracciones de minuto, pero tampoco había juicio, la aceptación que su ejemplo emanaba permitía estar indiferente a cualquier nube mental que intentase obscurecer el cielo despejado, todo era sencillamente perfecto, las horas pasaron y llego el momento del abrazo propio, me inclinaron y literalmente me lanzaron en sus brazos y allí desaparecí y morí un poco en su amor, de su corazón emanaba una energía que se lanzaba en forma de embolo hacia mi cuerpo que se convulsionaba armoniosamente para recibir sus olas magnéticas, la Madre del Cielo había tomado cuerpo y abrazaba todas las heridas que existir produce en cualquier alma que viva desconectada del Ser.

Tal como me arrojaron al río de su amor, me sacaron y me dejaron sentarme a su lado. Estaba enamorada y un intenso anhelo de ser gota en el océano se apoderó. Esa noche soñé que el Amor dispusiese de mí para lo que ordenase.

“El amor es el astrolabio de los misterios de Dios.” Rûmî

Beatriz Calvo

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