Carta a la adolescencia 

Es posible que no te reconozcas, el cuerpo está cambiando explosivamente, hay una parte de este cambio que podemos ver y otra que sucede interiormente afectando tu conducta, tu visión del mundo y tu entendimiento. El cuerpo cambia, y con él los gustos, los deseos y las necesidades. Fuiste un bebé un día, que necesitó de toda la atención y cuidados para crecer. No andabas, no hablabas, no podías hacerte la comida, ni abrigarte en invierno o ir a por agua cuando tenías sed. Has sido totalmente dependiente de unos padres que han hecho todo lo que han podido para que estés hoy aquí. Y el hecho de que estés leyendo esto, significa que lo hicieron con éxito. Pero es ahora cuando empieza el reto, tú no te acuerdas de esos primeros años de vida en los que, de no ser por otros, no hubieras sobrevivido. Y en estos últimos meses, por primera vez, empiezas a necesitar tu espacio, fuera de ese núcleo que te mantuvo a salvo, para desarrollarte. Y es ahora cuando el instinto te pide explorar territorios desconocidos, que hace solamente un rato, no te interesaban para nada, y a diferencia de las anteriores exploraciones, ahora nadie te acompaña y te cuida para que no te hagas daño, para tengas todo lo que te hace falta, para que salgas sana y salva de la exploración, nadie está ahí para darte la mano. No porque no quieran, tus padres te quieren como a si mismos, y tanto como cuando tu vida dependía de ellos por entero, pero hoy ya no te lo pueden mostrar de esa manera, porque ya no les necesitas y estarían entorpeciendo tu desarrollo, y eso, es lo último que quieren. Tu bienestar es extremadamente importante para ellos, sepan o no expresártelo a ti últimamente. Quieren tu bien, tu crecimiento y desarrollo óptimo, que puedas experimentar, aprender y continuar el viaje de la vida alegre y confiada.

Por momentos, incluso rodeada de gente que te apoya, puede que te sientas totalmente sola, perdida, sin nadie en quien confiar para consultar esas dudas que surgen en tu cabeza, para afrontar los retos que ahora se presentan. Es la primera vez que tienes que pensar cual será el impacto de lo que dices, y que has de ocultarte de tus padres, y eso es posible que te haga sentir insegura y confusa, incluso avergonzada a veces. Tu metabolismo se transforma constantemente y en esta etapa se desarrolla en ti una parte tan íntima y propia, como natural y común a todos los seres humanos. Algo nuevo nace en ti, eso es un hecho, y te abre a un mundo más grande de posibilidades infinitas, es el paso de la infancia a la edad adulta.

Todo lo que sientes, todo, es normal y forma parte de la experiencia humana, que varía, pero sólo levemente, de unos a otros. Y todo lo que haces, todo, también es normal, aunque no se hable de ello en casa, en el colegio o en tu grupo de amigos. Aunque desde fuera te estés metiendo en líos constantemente, porque lo que te pide el cuerpo parece estar fuera de lugar o en contra de las normas sociales de conducta. Eres inocente y pura, y esta es tu naturaleza perenne y verdadera, más allá de la etapa de maduración en la que te encuentres, no te sientas culpable o avergonzada por nada de lo que está pasando en tu cuerpo y en tu mente, no hace falta que te aísles, aunque no quieras compartir todo lo que está vivo en ti, es todo parte del desarrollo saludable de tu edad y pasará, como pasó la época de los pañales, el biberón, los ruedines, y tantas cosas que quedaron atrás en tu crecimiento. Estamos silenciosamente todos contigo. Confía en la naturaleza de la que formas parte, porque es inteligente.

Y si te sientes sola, incomprendida, perdida y necesitas apoyo, buenas noticias, hay personas de confianza con las que puedes contar para atravesar este periodo de revolución psicobiológica. Pueden ser terapeutas, profesionales de la psicología, trabajadores sociales, sacerdotes, y tantos otros seres humanos que están aquí exactamente para esto, para ayudarnos cuando hace falta, acompañarnos y guiarnos desde la comprensión, el amor, la libertad y el respeto. Y quizás estos nombres no te inspiren confianza, pero bajo esas etiquetas puede que haya seres humanos comprensivos y compasivos que sólo quieren tu bien. Puedes probar.  Quizás te sorprendas al ver cómo te reciben con los brazos abiertos para escucharte y hablar sobre el momento en el que estás, y para ayudarte a superar los obstáculos que se presentan y seguir hacia adelante. También hay grupos de mindfulness para jóvenes, donde aprendemos a familiarizarnos con nuestro cuerpo, mente y corazón, para relacionarnos con nuestras emociones, sensaciones y pensamientos de manera beneficiosa para nuestro aprendizaje y desarrollo.

No hay nada mal en ti, no tienes que arreglar nada, ni tienes nada que hacer o conseguir, eres perfecta así como eres y todo está profundamente bien. Haber llegado hasta aquí y estar leyendo esto, es un éxito. Todo lo que te está sucediendo es inteligente y es para bien.

Mira a ver si puedes sentir tu respiración, mientras lees estas letras, en alguna parte de tu cuerpo. Nota los movimientos del aire entrando y saliendo, ¿Puedes sentirlo? Esto, que como ves podemos hacer en cualquier momento y lugar, nos calma y despeja. Nadie se dará cuenta de que lo haces y puede servirte para centrarte y dar el siguiente paso serena y confiadamente. Puedes hacerlo tantas veces como sea necesario, cuando notes nerviosismo o incomodidad. La respiración es un ancla invisible a la calma.

*Este artículo hace referencia a personas, sin ningún sexo en particular, por eso está escrito en femenino.

Gabriela Rdz. de Miguel Heredia

Escuela de Meditación Ecocentro

www.ecocentro.es

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