El último samurai

Conocí a José Antonio Campoy cuando yo tenía 23 años. Me lo presentó Concha Labarta, una gran amiga del alma que era su Redactora Jefe en la revista Conciencia Planetaria y en la revista Más Allá, dos de las revistas que Campoy ha dirigido a lo largo de su dilatado currículum. Ambos me dieron la oportunidad de escribir mi primer artículo y siempre estaré agradecida por ello, la primera vez en cualquier cosa siempre tiene el sabor del primer beso.

Su presencia imponía, era un samurái de la comunicación, labrado en todo tipo de proyectos de primer orden en el mundo del periodismo, RTVE, ABC, EFE. Un guerrero en el arte de comunicar de lo que nadie se atreve hablar en una sociedad materialista y corrompida por la falta de dimensión espiritual, que es la que genera un cuerpo ético en el alma para ser honorable en esta batalla de kurutsetra entre el bien y el mal, que es la vida.

Campoy ha luchado toda su vida por el bien con la espada de su palabra, atrevida en sus tesis sobre el más allá, impecable en sus investigaciones y en los últimos tiempos de su última aventura editorial, la revista Discovery DSalud, implacable con la mentira, la injusticia y la maldad. Es un periodista de los de antes, con principios, incorruptible ante las malas artes de la publicidad que todo lo corroe con sus intereses y con un coraje, que pocos tienen hoy en día.

En los últimos tiempos Discovery DSalud ha batallado como el último samurái informativo, la única cabecera frente a miles de flechas contra la mentira y la falsedad que se han extendido. Ha batallando heroicamente como lo ha hecho desde el principio, sin apenas ayuda,  salvo la de su mujer Carmen Quintana, otra gran periodista, que confirma que detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer, a la que hay que agradecer esa labor oculta que hace lo femenino, gestando en su útero la vida y las grandes obras sin el reconocimiento que se lleva la cara más visible. Antonio Muro (a quien entrevistamos en Ecocentro TV) y que abandonó el frente en septiembre pasado por otras vías de comunicación, Jesús García Blanca y alguno más que rozan la edad de la jubilación y les toca retirada.

Campoy no solo ha dirigido esta revista sino que ha dedicado horas y horas de su vida a editar cada reportaje, con ese código deontológico en la mente y en el corazón ya olvidado en este gremio vendido a los intereses de los grupos de inversión, para que las palabras fueran veraces, correctas e inteligibles. Todo ese esfuerzo de un oficio herido de muerte para comprobar, en este último año de nadar a contracorriente, que las palabras valientes no calan en el alma de una sociedad que está desconcertada por todo lo que está sucediendo sin tener clara la discriminación de quién miente y quién dice la verdad.

No hay solución nos dice Campoy, sin ningún pelo en la lengua, sin neolengua ni eufemismos por medio. A veces la crisis en un cuerpo enfermo solo puede significar la muerte; la oportunidad de dar un giro de 180 grados no se acomete y la persona muere. En el cuerpo social sucede lo mismo. La oportunidad está perdida. Toca la disolución, pues todo está corrompido, lo mejor es enterrarlo y que composte para dar vida a un nuevo ciclo.

Es tiempo de retirada y de aceptar que no hay relevo. No hay gente valiente y además formada en el mundo del periodismo científico y con sensibilidad a esas otras medicinas denostadas porque sanan el alma además del cuerpo, y de esto va, no lo olvidemos, de que perdamos el alma y de paso el cuerpo, que es una unidad indisoluble, aunque a los demonios del materialismo cultural les pese y quieran ocultarlo. No hay quien quiera recoger el testigo del trabajo ingente de documentarse en busca de la verdad, hacerlo legible, entendible y enfrentarse a toda una corriente que posee cada vez más armas para acallar al disidente, para censurar.

Sería hermoso poder pasar el testigo de testimonios así, pero esas naturalezas de periodistas de raza son rarezas en este mundo que se disuelve. ¡Ojalá alguien de las nuevas generaciones pudiese hacer bandera con su honestidad, su ecuanimidad, honradez, independencia y por ende supiesen escribir para reflotar el hundimiento de este oficio en las redes disolventes, los verificadores a sueldo y que los grandes guerreros pudiesen descansar merecidamente mientras las nuevas generaciones se hacen cargo de las batallas por la Verdad!

Pero volviendo a la metáfora, quizá como el último samurái a Campoy y a su bandera de Discovery DSalud le toca desaparecer con honor y, quizá, toca esa retirada en el bosque que dicen los hindúes, a poner en orden miles de reportajes que en formato libro, puedan servir de mapa de regreso a esa medicina del alma que sana verdaderamente al cuerpo como la naturopatía, la medicina china, el ayurveda, la homeopatía y a esas técnicas terapéuticas que esta cabecera ha defendido ante la burla y el ataque sistemático de los gobiernos progresistas que quieren hundir todo lo que sea sano, bueno y hermoso, porque no es rentable para sus amos.

El batallar  de nuestros mayores, desde el bosque del retiro merecido, quizá parezca más silencioso, pero no menos luminosa, ahora ya sin tanta exposición y dejando de dar la vida y la energía por quien no quiere ser defendido y que, como en la película del gran Kurosawa,  nunca valora el sacrificio ni lo entiende y no tienen calado moral para apoyar cuando el guerrero lo necesita. En este caso mantener la web con toda esa valiosa información que sin suscriptores comprometidos será imposible. Veremos quién se moja no solo con palabras sino con hechos.

Por eso desde Ecocentro queremos rendir este sencillo homenaje de palabras a este último samurái que nos ha defendido haciendo la ardua tarea que ya nada quiere hacer de investigar, filtrar, discernir, investigar y aguantar los ataques de una política y una justicia corrompida que permiten que el poder económico privado de un golpe de estado a los gobiernos nacionales de Europa y del mundo permitiendo la censura sistemática de los contenidos que atentan contra sus intereses, llamados ahora interés general. ¡Inaudito! Y nadie se levanta, ni protesta ante el avance de la iniquidad manifiesta, salvo esa minoría honrosa que siempre intenta salvar con su vida la deriva de sus sociedades. La mayoría se sienta ante el ojo que todo lo ve del Gran Hermano a diario, tragando las píldoras envenenadas de un pseudoperiodismo de masas que a modo de propaganda política los lleva hacia el desastre de una vida transhumana.

Le damos  las gracias por su tarea, veintitrés años al frente de Discovery DSalud, 254 números de investigación. Por ser un referente, un ejemplo del profesional que tiene detrás una persona determinada por la verdad y con un corazón que, como el de todo verdadero humano, quiere ayudar para mejorar la sociedad que le ha tocado habitar.

Gracias de corazón por luchar por todos nosotros. Te mereces el descanso del guerrero, ese que dicen las historias y que comentaba muchas veces con nuestra querida amiga Concha Labarta, de que después de mil batallas hacía un buen fuego con el arco y las flechas y dejaba en manos del espíritu irradiar la luz y el calor de su estela y batallar ahora desde otras dimensiones más interiores, no por ellas menos efectivas.

Tu ejemplo es una estrella en el mundo de la historia del verdadero periodismo y aunque los nuevos Ministerios de la Verdad de esta sociedad distópica borrasen todo el trabajo realizado, como lo están haciendo con prestigiosos científicos valientes, para borrar a todos sus enemigos que piden rebelión de despertares, para que no exista ninguna guía para salir del laberinto, la huella dejada por tu vida en la dimensión del espíritu es indeleble y brillará en el más allá como brillan los arquetipos en el pensamiento simbólico de los mitos como el de un guerrero noble y valiente que dio la vida por sus “amigos”, que como decía Jesús es el más alto amor al que un ser humano puede aspirar.

Beatriz Calvo, Directora de AriadnaTv.