Dentro de la serie de entrevistas que estoy realizando a distintos proyectos comunitarios de regreso a la tierra, traigo este mes al Proyecto O Couso, que se haya en los inicios de un intento hercúleo, ir contracorriente de una sociedad que se desangra en un individualismo feroz.
 
Son faros en la niebla de una civilización que arde, literalmente por los cuatro costados, por una manera de estar en el mundo totalmente alejada de lo Real. Su ejemplo puede que llegue o no a buen puerto, pero frente a la indiferencia absoluta de la mayoría, la llamada de la tierra sigue activa para algunos, que como salmones contracorriente navegan río arriba en busca de sentido.

Javier León nos relata este proyecto acodado en una ruta milenaria.

¿Descríbenos  lo que es el Proyecto O Couso, desde su significado, su raíz, cómo surgió, porqué, para qué?

Realmente el proyecto O Couso forma parte de un proyecto mayor que podríamos dividir en tres partes: una casa de acogida, cuyo lema es “deja lo que puedas y coge lo que necesites”. Una escuela de dones y talentos donde el individuo pueda explorar sus virtudes y ponerlas al servicio de los demás y una futura comunidad abierta e integral. Varias sensibilidades con deseos de poder plasmar el alto ideal de vida en comunidad se unieron para intentar poner de forma práctica y real estos deseos. Así que un grupo de personas decidieron unir sus esfuerzos, buscar un lugar ideal en plena naturaleza y empezar la compleja tarea de crear un proyecto difícil e innovador.

¿Cuál es la base filosófica en la que sustentáis el proyecto?

Nuestro ideal final es hacer de un mundo bueno, un mundo mejor desde nuestra particular visión con respecto a una nueva cultura ética que empiece por nosotros mismos y que luego sea capaz de contagiar a los demás. Para ello tenemos tres pilares esenciales en el proyecto: la interiorización como método integral para cambiarnos a nosotros mismos. El estudio y aprendizaje, para perfeccionar todas aquellas cosas que puedan mejorar nuestra vida, y el servivio, como base de agradecimiento y compartir con el resto todo aquello que hemos aprendido. En relación al cuidado con el planeta tenemos una visión de cocreación desde el respeto, mediante el decrecimiento y la simplicidad voluntaria.

¿Cómo trabajáis la convivencialidad?

Los únicos requisitos para pertenecer a la comunidad son el respeto a los acuerdos y principios de la comunidad y tener un alto grado de responsabilidad y compromiso con uno mismo y con los demás. Hay tres acuerdos mínimos de convivencia que tienen que ver con aspectos materiales del cuidado de nosotros mismos y del lugar, como una dieta vegetariana o el no consumo de drogas, tabaco o alcohol. Si no somos capaces de cuidarnos a nosotros mismos, ¿cómo vamos a cuidar al planeta? Esto para nosotros es esencial. A partir de esta base de respeto material hacia nosotros y el entorno, intentamos trabajar la armonía en el grupo con lo que llamamos círculos de consciencia y sabiduría, donde se tratan las complejidades del día a día y la convivencia.

¿Cuáles son los principales obstáculos que os propone el proyecto para crecer? ¿Cuáles las bondades?

Hay todo tipo de dificultades, pero quizás, de las mayores, es la gestión psicológica y emocional de todas las personas que forman el grupo y que nos acompañan o visitan. Nuestra tarea pendiente como seres humanos es cambiar nuestros egoísmos por un sentimiento amable del compartir, la generosidad y la cooperación. Este es el gran reto humano, y por lo tanto, la gran bondad del proyecto es hacernos crecer como personas con el contacto directo y transparente con el resto de personas que integran el proyecto. Crecer en humanidad y cariño hacia todo lo que existe. Poner en acción el amor que somos.

¿En qué punto del proyecto os encontráis y que personas estáis buscando para realizar esa autosuficiencia energética, alimentaria, escuela de talentos etc?

Nuestro reto principal para este y los próximos años es poder terminar de acondicionar la casa de acogida y así poder empezar con la construcción de la futura escuela de dones y talentos y la comunidad. Es un largo camino con mucho recorrido si somos capaces de encontrar un punto de equilibrio entre la convivencia, siempre dura y difícil, el entorno, y nuestras necesidades individuales. Las personas llegan y se van, otras se quedan. Este es un punto difícil porque mucha gente busca no un proyecto, si no la forma de poder hacer “su” proyecto. El individualismo siempre se sobrepone al interés general, como dirían los políticos.

 ¿Es tiempo de comunidad? ¿Las personas que ha forjado el sistema actual pueden transitar más allá del individualismo?

Este es un tema muy complejo ya que la mayoría de personas no están interesadas en renunciar a sus parcelas de seguridad para enfrentarse a un mundo complejo como es el de la convivencia en una comunidad. La comunidad no es un lugar ideal ni perfecto. Es simplemente una alternativa de vida responsable y comprometida con el planeta, pero tiene sus complejidades y sus pequeños sacrificios. Realmente no tiene ninguna ventaja el vivir en comunidad, excepto aquella que te permite vivir de forma diferente, en nuestro caso, sin tener que pagar luz o agua o alquileres o hipotecas. Eso materialmente tiene sus ventajas pero también sus inconvenientes. Ningún modelo de convivencia es mejor o peor que el otro, es nuestra actitud ante ese modelo lo que lo hace válido.

¿Preferís hablar de esperanza ante el colapso que anuncian muchos indicadores, en qué esperáis?

Como decía, las ecoaldeas deberían ser vehículos de inspiración para que todo el planeta tomara consciencia y todas las ciudades y pueblos se volvieran “ecoaldeas”. Cuando todos sintamos en nuestro interior la necesidad de ser ecoaldeanos, la ecoaldea en sí dejará de tener sentido. La misión y el propósito de las mismas debería ser la de servir de inspiración a los demás. Hay muchos tipos de comunidades, y los ha habido a lo largo de la historia, algunas más centradas en aspectos ideológicos y otras más centradas en aspectos espirituales o materiales, de pura subsistencia material. Nuestra comunidad intenta ser una comunidad integral, es decir, una comunidad que aglutine las sensibilidades espirituales, ideológicas y materiales de la vida.

proyectocouso.org/

 

 

 

 

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