La farsa de la pseudociencia

El actual gobierno español, que llega al poder por pura carambola política, la del intercambio de poder que beneficia a los oligopolios transnacionales, que son los que manejan los hilos de las elecciones en las falsas democracias occidentales, ha decidido revivir lo peor de nuestra carisma histórico: la caza de brujas, la persecución a lo que pone en peligro los intereses crematísticos de sus amos en la sombra, uno de ellos conocido como la mafia médica, alianza nefasta entre una parte del sistema de salud “oficial” y el poderoso lobby farmacéutico, que vive de la enfermedad, patologizando al extremo cualquier proceso de vida, como envejecer, sufrir duelos, ser “hiperactivo” y cuyos bienes y servicios son una de las principales causas de muerte en el mundo.

El dios Dinero, una vez más, utiliza su religión, la ciencia, pervertida por esos mismos intereses, que son los que financian muchas veces los estudios, cada vez menos independientes, en las universidades, de donde surgen los nuevos pontífices para atacar a las “brujas” y demonizar al enemigo de sus intereses económicos, en este caso, las medicinas tradicionales y/o complementarias integradas, por fin, en la llamada Medicina Integrativa, objeto de estudio en prestigiosas Universidades de todo el mundo y reconocida por organismos internacionales como la OMS, el Consejo de Europa y El Comité Internacional de Bioética de la UNESCO.

Lo peor del español, ese acomplejamiento ante lo que desconoce y le vuelve zafio y cruel en su valoración, deja a nuestro país tan en ridículo como en esas terribles películas que ridiculizaban al “paleto” ante las suizas y alemanas, en este caso, al incluir entre las denominadas “pseudociencias” a la acupuntura que se encuentra regulada en países como USA, Alemania, Australia, China y otros muchos, y se practica en hospitales del máximo prestigio, con resultados muy positivos y de más que sobradas evidencias científicas. O a la homeopatía que goza de gran reputación en Europa y que en España prescriben más de 10.000 médicos.

Nuestros Ministerios, con su ministro en la luna de la realidad científica de vanguardia, quedan como el personaje ridículo que no ha sabido crecer ampliando sus miras, del que al ver la tierra desde la luna, solo ve una fuente “inagotable” de recursos y no un milagro lleno de misterios aún por descubrir para una ciencia que desde su cientifismo niega que haya otra manera de acercarse a la realidad. Y en un maridaje escandaloso se deja aconsejar por pseudocientíficos vasallos de intereses ajenos al Bien Común que debería defender y echa a los perros de la prensa, vendidos al mismo poder oscuro, para atacar y desprestigiar muchas terapias ancestrales validadas por los siglos y otras de nuevo cuño, desinformando, confundiendo y alertando.

Pseudocientíficos que se atreven a desmerecer, en su osadía de necios, la profunda ciencia del Ayurveda, por ejemplo, milenaria ciencia holística donde el espíritu es el eje, ese que esta ciencia materialista niega y quisiera hacer desparecer de la faz de la tierra y de lo profundo de nuestra alma, para convertirnos en ganado para la siguiente revolución tecnológica, la robótica, donde hacen falta esclavos alienados, atiborrados de pastillas, de venenos controlados por inquietantes microchips que inocularán en vena su codicia y el control de un ser humano que es prescindible y que sobra, pues los recursos son cada vez más escasos para su avaricia. Bendita iatrogenia que mata a los que sobran, mientras enriquece las arcas de los nuevos orcos.

La caza de brujas, de los hombres y mujeres que aman el conocimiento y siguen aún fieles al juramento de Hipócrates y que no necesitan que todo sea validado por ensayos clínicos controlados, pues hay métodos de evaluación igualmente valiosos, como es el estudio de sus resultados y eficacia están siendo perseguidos y sus paciente confundidos. El fuego de la hoguera ya humea.

Los Torquemadas de este siglo se acarician las manos, la discriminación entre lo que realmente podría ser considerado falsas terapias no es lo importante, y eso nadie niega que no sea necesario, el intrusismo en salud hay que vigilarlo, pero la tutela o totalitarismo del Estado empieza a ser abusiva en muchos frentes. Parece que lo único que impera en esta lacra de gobernantes es el amor al poder que otorga el becerro de oro.

Ellos arderán en otro tipo de fuego, pues la justicia se ejerce en todos los planos de la existencia.

Beatriz Calvo Villoria

Directora Ariadna TV

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