Conocí a Daniel Nelson del Feo hace más de 25 años, en aquel tiempo yo vivía en una comunidad agroecológica e intentaba salirme de un sistema que consideraba tóxico, su apertura a truequear con verduras los empastes que necesitaba me confirmó que sus teorías médicas estaban basadas en una mirada real y humana, capaz de valorar el amor con el que cultivaba mis lechugas, por encima del precio que la sociedad pone a las actividades humildes de la tierra.

Cada vez que nos veíamos en su consulta yo llevaba una caja de verduras que el celebraba como si le llevase oro. Veinte años después todavía nos sonreímos recordándolo y sigo aprendiendo de otra manera de concebir la medicina y la relación médico-paciente.

Su apertura me abrió la puerta a una manera de entender la odontología realmente vanguardista, perteneciente al nuevo paradigma médico que personas como él construyen con valentía, pues es difícil para el cuerpo médico actual entender la intangibilidad de una sonrisa, o una presencia plena a la hora de relajar a un paciente que teme con horror cualquier intervención en la boca, -como anécdota contar que esa intangibilidad de lo humano hace que muchas veces me duerma con la boca llena de aparatos-. O saber recomendar a un buen osteópata pues la postura corporal está afectando a la mordida, o al nutricionista que libera los intestinos de tensión que afecta nuevamente a nuestra boca.

En este mundo todo está relacionado y Daniel lo sabe y humilde te suelta las perlas de su conocimiento, atesorado durante décadas, como quien no quiere la cosa mientras con la destreza de toda una vida empasta con materiales lo más biocompatibles posibles.

Valiente porque los nuevos paradigmas deben de luchar con los intereses y el inmovilismos de los lobbys de la medicina oficial, que favorecen muchas veces los oscuros intereses de industrias farmacéuticas que hace mucho que perdieron el Norte de la honradez.

Daniel y, ahora su hijo, que hereda la humanidad de su padre, abriendo una clínica en Lavapies para gente con dificultades, y que viaja a Bolivia y ahora a África, como lo hizo durante años su progenitor a lugares tan conflictivos como Sierra Leona, para llevar una sonrisa sana a los desfavorecidos de la tierra, lleva años demostrando, desde su clínica en las Rozas, que se puede integrar tradición e innovación en la medicina que practica, la odontología, a la que aporta esa especial sensibilidad a la vez que un espíritu crítico para discernir lo que es avance de lo que no lo es, dentro de esta nueva medicina que entre todos los implicados, pacientes y médicos, debemos construir.

En esta entrevista nos da una clase magistral de los peligros que llevamos en la boca, de lo acosada que está nuestra salud y la de todos los ecosistemas terrestres por tóxicos como el mercurio, que desgraciadamente para todos, está presente en muchas facetas de nuestra vida, una guerra invisible contra nuestra integridad de consecuencias trágicas en la que todos deberíamos batallar para que quede futuro.

¿Cuál es la diferencia entre la odontología integral que usted practica y la odontología ambiental que usted ha expuesto en los congresos de Medicina ambiental en Madrid?

Como en el terreno de las etiquetas nos podemos perder, hemos de considerar que la odontología integral, como su nombre lo indica debe relacionar los diferentes enfoques que nos ofrecen las distintas áreas del conocimiento en su globalidad y aplicarlas en la práctica cotidiana, más en la integración que en lo alternativo. Alejándonos de posturas que nos piden defender terrenos acotados. Esta integración se nutre de nuevas y tradicionales respuestas para tratar los desórdenes de nuestro estado de salud.

En los últimos años hemos sido expuestos a innumerables químicos, de los aproximadamente 100.000 químicos que se están utilizando en la U.E actualmente, sólo se han sometido a estudio el 10%, y de esos 10.000 se consideran tóxicos unos 8.000.

De los muchos elementos a los que estamos expuestos, el más dañino después de los radioactivos es el mercurio, ampliamente utilizado en la odontología. Otro gran grupo de manifiesta toxicidad es el de los disruptores endócrinos, que se comportan en nuestro organismo como hormonas (estrógenos) desequilibrando nuestro sistema endocrino (hormonal).

Debemos nombrar también a los organoclorados, organofosforados, organobromados y un sinfín de productos derivados de los Halógenos con diferentes aplicaciones tan variadas como pesticidas, retardadores de la las llamas, bisfenoles para modelar plásticos, aditivos en fibra textil, aditivos en electrónica y un largo etc.

La consecuencia del uso de toda esta artillería de sustancias químicas sobrepasa su finalidad inicial, digamos que bien intencionada mayoritariamente, pero con efectos indeseados. Tan indeseados como nuevas enfermedades de difícil diagnóstico por desconocimiento de su existencia. Por citar a algunas de ellas: la fibromialgia, el síndrome de fatiga crónica, la sensibilidad química múltiple, distintos tipos de cáncer, intoxicaciones por mercurio y por distintos metales generadores de alergias y sensibilidades.

Para dar respuesta a estas nuevas enfermedades o reacciones se desarrolla la Medicina Ambiental, y como extensión de ésta la Odontología Ambiental. La Odontología Ambiental estudia los efectos de los materiales dentales que se han reconocidos como tóxicos y desarrolla protocolos para la eliminación segura de estos elementos de la boca del paciente. El paso siguiente, que es la remoción de estas sustancias del resto de organismo es llevada a cabo por médicos que escogen distintos tratamientos y estrategias para intentar restablecer la salud.

Por lo tanto la Odontología Ambiental no puede estar apartada ni diferenciada de la Odontología Integral, Holística, Natural o como queramos llamar a la expresión más avanzada de la gestión de la información que nos aportan las diferentes vías de conocimiento del arte dental en la proyección del estado de la salud general de nuestros pacientes.

¿Si como dicen toda la Comunidad científica está de acuerdo en la toxicidad del mercurio porque no se prohíbe definitivamente su uso en las amalgamas?

La comunidad científica reconoce desde hace mucho tiempo al mercurio como un potente neurotóxico. El mercurio es uno de los contaminantes que mayor amenaza supone para el planeta y para nuestra salud, es el elemento más tóxico después de los radioactivos.

El programa de las Naciones para el Medio Ambiente ha emitido el documento “Evaluación mundial sobre el mercurio” en español, en junio de 2005 en el cual se evalúa el riesgo y peligros tanto para la salud humana como para el medio ambiente. Circula entre el aire, el agua, los sedimentos, el suelo y todo el ecosistema y se resalta que el mercurio además de encontrarse actualmente en diversos medios, se encuentra en los alimentos, especialmente en el pescado en todas partes del mundo, a niveles que afectan adversamente a los seres humanos y a la vida silvestre.

Hasta hace pocos años su uso estaba muy extendido, por sus propiedades antisépticas (recordad nuestras heridas infantiles teñida de rojo por la Mercromina), como conservador de vacunas, en los termómetros y en la amalgamas dentales.

Su presencia en los “empastes metálicos”es del 50 %, junto con la plata, el estaño, el cobre y el zinc. Se creía que al amalgamarse con los otros metales se neutralizaba su efecto tóxico. No se neutralizaba, se reducía y mucho, pero no se contaba con medios de medición que definiesen su toxicidad a través de la evaporación permanente que se produce en la boca.

El mercurio es un metal muy inestable, que se libera en forma de gas a temperatura corporal y esto se agrava cuando ingerimos bebidas y comida calientes o friccionamos alimentos, chicles y cuando apretamos o rechinamos los dientes.

Si hacemos un poco de historia veremos que desde los comienzos, en el año 1840 el Dr. Harris en EEUU prohibió a los dentistas el uso del Mercurio. Pero como el empaste alternativo era la orificación, de altísima calidad y precio, para responder a las necesidades terapéuticas se decidió levantar esa prohibición.

Hoy sabemos según los estudios de Pleva (1995) que una amalgama libera en media de 10 a 20 µg de mercurio al día, lo que corresponde a una pérdida del 15% de la cantidad de mercurio de una amalgama de 10 años.

Con 10 amalgamas, la cantidad de mercurio liberada es entonces de 100 a 200 µg / día.

Con estos datos y muchos otros que disponemos se debería prohibir el uso de las amalgamas dentales, pero el peso de los conocimientos académicos adquiridos en la universidad, los evidentes resultados mecánicos (¡¡una amalgama dura decenas de años!!), el buen comportamiento como material de restauración y la dificultad de integrar nuevos conceptos hace muy lenta la respuesta de los organismos oficiales.

En muchos lugares se desaconseja su utilización, pero es imprescindible que llegue la información a los profesionales de la Odontología acerca de su toxicidad, pero sobre todo acerca de cómo retirar este peligroso elemento sin provocar una intoxicación al paciente y al mismo odontólogo al respirar el vapor de mercurio que se libera al quitar estos empastes.

¿Cuáles son los síntomas que pueden indicar una intoxicación por mercurio?

El mercurio es tóxico a nivel del Sistema Nervioso Central y del riñón. Los síntomas de intoxicación crónica son básicamente tres: eretismo,  temblor y estomatitis. La irritabilidad, hiperactividad, labilidad emocional, timidez, pérdida de la memoria, constituyen el eretismo mercurial o enfermedad del “Sombrerero Loco”. Este último nombre proviene de los sombrereros que trabajaban con nitrato de mercurio.

Otros síntomas son alteraciones gastrointestinales como gastritis, duodenitis, náuseas, dolor abdominal, vómitos y diarrea. También se presenta dolor de cabeza, dermatitis, trastornos de la visión y manchas de color pardo grisáceo en el cristalino, gingivitis, y líneas azuladas en las encías.

Podemos clasificar en tres fases o grados la intoxicación por mercurio o Micromercurialismo:

Primera fase (síntomas inespecíficos): cansancio sin causa, aumento de la excreción salivar, cambio hormonal y de fertilidad, pérdida de memoria, aumento de resfriados, flojera de la vesícula urinaria e inflamación, insuficiencia del sistema inmunológico, artritis, diversos problemas digestivos, problemas de concentración, psoriasis, sabor metálico de la boca, irritación de la mucosa del tracto digestivo, irritación de la piel, alergias.

Segunda fase (sintomatología agravada): cansancio, depresión, híper o hipotensión, dolor cardíaco, fotofobia, enfermedades del tracto digestivo (sin encontrar el origen), nariz taponada (sin resfriado), sensibilidad al cambio del tiempo (a los cambios de temperatura), alergia/sensibilidad a muchas cosas, inquietud interna, cambio de carácter, dolor de cabeza, cambio de apetito, problemas cutáneos, asustarse con facilidad

Tercera fase: Hay un perjuicio masivo en la salud corporal y psicológica, y su intensidad aumenta poco a poco, hasta que la persona afectada tiene que dejar su trabajo. El perfil de la intoxicación puede ser rápido y violento, porque hay un desequilibrio de las enzimas de la detoxificación de aminoácidos de sulfato y un desequilibrio de zinc. El enfermo en este estado de salud llega a Urgencias, pero los médicos están totalmente desorientados

El Dr. Andrew Hall Cutler (1999 Amalgam Illness: Diagnosis and Treatment) Habla de múltiples patologías derivadas y/o agravadas por niveles elevados de Hg: Síndrome de Fatiga Crónica, Fibromialgia, Candidiasis Crónica, Ciática, Síndrome del Intestino (o colon) Irritable, Enfermedad de Crohn, Colitis, Gastritis, Síndrome de Múltiples Sensibilidades Químicas, Alergias e Hipersensibilidades (alimentarias, dermatológicas…), Artritis Reumatoide, Artritis Juvenil, Espondilitis Anquilosante, Problemas Endocrinológicos, Insomnio, Enfermedad de Parkinson, Alzheimer, Autismo, Desórdenes Hiperactivos, Dificultades de Aprendizaje, Esclerosis Lateral Amilotrópica, Ateroesclerosis, Asma, Bulimia, Anorexia Nerviosa, Depresión, Ansiedad, Ataques de Pánico, Desórdenes del Espectro Esquizoide, Desórdenes de Personalidad Límite, Desorden Obsesivo-Compulsivo, Desórdenes Maníaco-Depresivos, Miastemia Gravis o Lupus Eritematoso.

¿Cómo se debe de tratar estas enfermedades desde la odontología ambiental?

Al tratar a muchos de estos pacientes, sobre todo a quienes padecen SQM (sensiblidad química múltiple) hemos observado que la gran mayoría de ellos responden muy bien a la retirada de amalgamas de mercurio, reduciéndose los síntomas de la sensibilidad hasta en un 50%.

Después de tratar a muchos afectados por intoxicación ambiental no podemos establecer protocolos de tratamiento rígidos, hemos de ser muy flexibles y escuchar mucho al paciente, ya que normalmente éste sabe más de su enfermedad que nosotros.

Es una nueva e interesante etapa de la medicina ésta en la que los pacientes que no han tenido resultado satisfactorios a sus dolencias se ven obligados a buscar, encontrar y filtrar la información disponible, y que vienen con un bagaje de conocimientos que nosotros, con nuestra formación profesional debemos ayudar a digerir y aplicar.

Es un acto de acompañamiento y de humildad que libera a la clase médica de esa postura de omnipotencia a la que se ha visto obligada a mantener.

Como expresa la Dra Jane Mary Wilman en su trabajo “La amalgama y su influencia sobre el cuerpo humano”. A veces, una boca llena de empastes reacciona de manera menos tóxica que un empaste en la boca y que no siempre un nivel alto de Hg en el cerebro causa reacciones patológicas. Cada caso es diferente. Dependiendo de cada persona varía la facilidad con la que el Hg es transportado por el cuerpo y penetra en la barrera hemato encefálica.

Por lo tanto recomiendo retirar siempre las amalgamas de mercurio de la boca de mis pacientes, con ritmos diferentes según cada caso, dependiendo de las manifestaciones de las diferentes intoxicaciones. Siempre bajo supervisión de un médico especialista.

¿Por qué estos estudios científicos no llegan a las universidades de medicina y se forma a los nuevos odontólogos con esta información o a los colegios de odontología y estomatología?

Los estudios llegan, y cada vez observamos más apertura en las instituciones y en los profesionales responsables de éstas. Cualquier profesional de la salud quiere para sus pacientes lo mejor, si ejerce con vocación y responsabilidad su trabajo, que debe ser lo normal. Pero los procesos de cambio no son instantáneos, no lo son en procesos personales y menos aún en procesos institucionales que tiene el peso de la burocracia y el inmobilismo.

Los cambios en los planes de estudios de las facultades y de los protocolos en los centros asistenciales no son lo suficientemente ágiles. Esto responsabiliza a quienes tenemos el privilegio y el peso de ser pioneros a la difusión de estos nuevos conceptos.

¿Es peligroso para el paciente o el médico extraer el mercurio de la boca? ¿Existe algún protocolo especial para realizarlo con seguridad?

Sí, es peligroso extraer el mercurio sin respetar minuciosamente el protocolo de retirada segura de mercurio. Esto es importante tanto para el paciente como para el dentista, que no deben respirar el vapor resultante del desgaste de la amalgama, ya que del pulmón el 80% del mercurio pasa a la sangre. Y como es un metal pesado, este se almacena en distintos tejidos y en un organismo sano tarda muchos años en ser eliminado, si los mecanismos de drenaje (riño, hígado, intestino) no funcionan bien esto es más complicado.

La Comunidad de Madrid y Cataluña desaconsejan el uso de amalgamas en embarazadas y menores de catorce años. ¿Porque esta disparidad de reglamentación, en unas comunidades y otras no, cuál sería la solución según su visión?

En este proceso (lamentablemente lento) de integración de la información que nos llega acerca de los tóxicos en general y del mercurio en particular, se aplica en diferentes tiempos en los diferentes países, comunidades autónomas y hasta ciudades.

Hace unas pocas semanas hemos podido oír y ver en los medios que se desaconsejaba la ingesta de atún y emperador en embarazadas y niños por su alto contenido en mercurio, esto duró dos días y quedó en el olvido.

Los intereses comerciales a veces tocan las áreas sanitarias y esto es inaceptable, con la salud no se puede negociar, pero hay industrias como la alimentaria, la química y la farmacéutica que son muy fuertes…

Pero volviendo a los empastes, la educación del consumidor (paciente) modula a la oferta de materiales del profesional. Se debe pedir la instalación de obturaciones estéticas sin Bisfenol-A (que es un disruptor endocrino) y preguntar siempre al odontólogo si conoce el protocolo de retirada segura de empastes de mercurio.

Con esto, si no lo conoce ya se interesará en informarse, y se ayudará a la difusión de estas intervenciones. Parece algo artesanal, pero a veces los comienzos son así.

Hay que vencer la resistencia al cambio y los acomodos profesionales en las antiguas técnicas.

Beatriz Calvo Villoria

 

 

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