Hace apenas unas decenas de años nadie hablaba de medioambiente; los medios de comunicación no se hacían eco de la sistemática destrucción de la naturaleza por parte de la actitud y las actividades del hombre. La Tierra se iba despidiendo de miles de especies para siempre, las ranas dejaban de croar y las mariposas ya no emprendían el vuelo. Los ríos eran contaminados y los acuíferos sobre-explotados, los bosques deforestados o exterminados lentamente por las lluvias ácidas. Los malos vientos de las guerras recorrían el planeta con su uranio empobrecido, modificando los soplos de las atmósferas, contaminando por siglos las tierras de cultivo.

La comida dejaba de tener las suficientes vitaminas y minerales y la carne se llenaba de antibióticos y químicos. Los pueblos indígenas, los auténticos, eran desplazados y fagocitados por una cultura que los rechazaba. Los océanos se convertían en basureros de la ignorancia humana y la rueda del tiempo, que gira con los cuatro elementos elaborando una danza llena de armonía, parecía que empezase a perder su eje. Y sin embargo el eco de ese canto triste y grave de la biosfera no llegaba.

Por fin un día la naturaleza pasó a ser noticia, la ecología encontró su hueco. Unos decidieron protegerla, otros empezaron a reverenciarla, algunos a hacer ciencia y filosofía con su trama, otros acuñaron nuevos conceptos como el desarrollo sostenible, otros comenzaron a cuestionar esos conceptos, algunos vieron nuevos beneficios. El caso es que a la naturaleza le salieron voces, cada vez más, cada una con su  timbre.

Estos podrían ser según Conama ocho de los principales temas medioambientales que atañen a nuestro país y en al que las voces de cada uno deberían tomar partido.

1.Agua

Sin agua no hay vida. Las inmensas reservas naturales de agua, formadas a lo largo de millones y millones de años, en este siglo pasado han sido sistemáticamente bombeadas y están próximas a agotarse. El agua potable ya es uno de los recursos naturales más escasos, pues solamente el 0’7% de toda el agua dulce es accesible al uso humano. Habrá continuas guerras por las fuentes de agua potable. Es evidente que el hombre actual no comprende el valor del agua, y como decía un indio piel roja: “cuando se seque el ultimo río quizás el hombre comprenderá que el dinero no se bebe”.

2. Cambio climático

Aumento de las temperaturas, efecto invernadero, dilatación de los océanos, cambio en las corrientes continentales, deshielo de los cascotes polares, catástrofes naturales exponencialmente multiplicadas… Grandes analistas confiesan que el tiempo actual se asemeja mucho a las épocas de gran ruptura en el proceso de evolución, caracterizadas por extinciones en masa. La humanidad se encuentra ante una situación inaudita. Debe decidir si quiere continuar viviendo o si prefiere su aniquilación. Por primera vez el ser humano se ha dado a sí mismo los instrumentos de su propia destrucción.

3. Desarrollo rural y conservación de la naturaleza

El mundo rural desaparece y con él una cultura que garantizaba un uso sostenible de los recursos. Desde las grandes metrópolis que el mundo ha desarrollado como ídolos de su progreso se ha sustraído y negado el valor de una cultura ejemplar en su relación con la naturaleza. Sociedades sencillas, autónomas por su autosuficiencia  y austeras desaparecen, y con ellas los usos y costumbres de una historia de hombres conectados a los ciclos de la realidad por la que se mueve la naturaleza. Ante su inminente desaparición o transformación definitiva, los que la apreciamos reivindicamos la restitución de su dignidad perdida.

4. Energía

El crecimiento económico del modelo occidental pretende ser lineal y siempre creciente. Tras este proceso se oculta una imagen reduccionista de la Tierra, que es vista sólo como un almacén de recursos a explotar. La variable ecológica ha sido eliminada de los modelos económicos modernos, pero en la realidad el crecimiento económico basado en el uso de los combustibles fósiles o de nueva generación se para donde comienzan los limites físicos del planeta. Quizá gracias a este límite se trata de poner en el centro de la vida humana otras significaciones y otras razones de ser que la expansión de la producción y del consumo.

6. Infraestructuras y transporte

Dice el libro del Tao que sin salir de la propia casa se conoce el mundo, sin mirar por la ventana se conoce el tao del cielo, cuanto más lejos se va menos se sabe. Por eso el sabio conoce sin viajar. Dice también que un pueblo que siente respeto por la muerte renuncia a desplazarse. Y que encontrará sabrosa su comida, hermosa su ropa, alegres sus costumbres, tranquilas sus moradas…

Sabiduría antigua y misteriosa. Frente a ella una cultura de la velocidad, de anhelo de lo lejano que yace en lo más cercano. Lo local pierde su identidad, se difumina en una globalidad uniformante que teje una inmensa red de mercados y comunicaciones exteriores para explorar y conectar lo que los sabios saben que se conoce desde el centro de una conciencia despierta.

7. Economía sostenible

En palabras de Leonardo Boff  nos encontramos ante una unificación del espacio económico mundial en los moldes de un desarrollo que pretende ser lineal y siempre creciente, un desarrollo profundamente desigual pues crea acumulación para unos pocos a costa de la explotación y del perjuicio de las grandes mayorías.

Un desarrollo basado en una cultura que exalta el valor del individuo, le garantiza la apropiación privada de la riqueza,  coloca como quicio de su dinamismo la competencia de todos contra todos, intenta maximizar las ganancias con la mínima inversión posible, procura transformar todo en mercancía para tener siempre beneficios, e instaura el mercado, hoy mundializado, como el mecanismo articulador de todos los procesos de producción, de competencia y de distribución…

Parece que no combinan los intereses de la producción humana con los intereses de la conservación ecológica. Dice el mismo autor que lo que se necesita es una sociedad sostenible que se dé a sí misma un desarrollo que satisfaga las necesidades de todos y del entorno biótico y permita que el planeta sea sostenible y pueda mantener su equilibrio dinámico, rehacer sus pérdidas y mantenerse abierto a ulteriores formas de desarrollo.

8. Políticas de actuación

Según un estudio sobre conciencia y conducta medioambiental en España, un 82% de ciudadanos españoles prefiere que los gobiernos aprueben leyes que obliguen a la ciudadanía a proteger el medioambiente antes que dejar en manos de cada uno las decisiones sobre cómo protegerlo.

El individuo se enfrenta al reto de conciliar la conciencia medioambiental con su conducta y superar las resistencias a sacrificar alguna de las mejoras que el actual modelo de producción industrial ha aportado a su calidad de vida. Ante su dificultad de renuncia, es el Estado al que parece que le toca garantizar la protección al medioambiente, consiguiendo el difícil, sino imposible, desafío de armonizar las exigencias del desarrollo económico con las premisas ecológicas de una verdadera sostenibilidad y con las reticencias individuales a disminuir el bienestar de la opulencia, siendo además estos individuos los que deciden con su voto si les conviene su bienestar o el del planeta. ¿Voto por yo o por nosotros?

Ocho temas, que necesitan de nuestra reflexión, al menos acogerlos en nuestra conciencia, realizar gestos cotidianos que si bien no resuelven a nivel planetario, lo hacen en el interior de nuestra propio ecosistema interno, pues aumentaremos la coherencia, argamasa necesaria para sentirse en paz. Son tan sólo ocho y la realidad es que podríamos multiplicarlos por diez, pero para empezar son suficientes, poco a poco habrá que ir sumando frentes, que en definitiva son siempre el mismo frente, amor a lo creado, amor a la criatura y los más valientes amor a la Fuente de la que emana este milagro de la Vida. ¿Sumamos nuestras voces?

Beatriz Calvo Villoria

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