Movilidad sostenible.

Parece que a las ciudades va llegando un poco de cordura y el coche va siendo cuestionado como la única manera de moverse ya que es el responsable, según la OMS, del 65% de la contaminación de nuestro aire y uno de los principales responsables, para muchos expertos, del cambio climático, amén de la contaminación acústica que produce, y la endiablada velocidad a la que somete la atmósfera.

La comodidad de movernos en esas máquinas que contradicen las leyes de la naturaleza, ningún animal consume más energía que la que consigue en su depredación, el ser humano para ir a comprar el pan gasta miles de recursos planetarios que conforman un coche, metales, plásticos, petróleo, un ser de 60 kilos es transportado por un engendro mecánico de 1.000 kilos o más.

Su omnipresencia se ha apoderado del medioambiente urbano. Por eso, la nueva Ordenanza de Movilidad sostenible que ha entrado en vigor en la ciudad de Madrid va a suponer un golpe muy duro, desplegando una serie de normativas que pretenden recuperar el entorno urbano para los seres humanos, los caminantes, los ciclistas, tal como se viene propiciando en muchas ciudades europeas, como Holanda, el reino de la bicicleta, que es el medio sostenible por excelencia, para lo cual habría que cambiar el trazado urbano.

Decisiones, como restringir el tráfico en la llamada almendra central, son absolutamente necesarias si queremos quitarle a Madrid la etiqueta de ser una de las ciudades más contaminadas del mundo, lo que supone una fuente de problemas respiratorios y de otra índole que había que atajar con una decisión muy compleja y antipopular.

Es hora de reducir la velocidad y calmar ese estrés frenético que los conductores trasladan al entorno urbano que comparten con niños, ancianos, que se sobresaltan ante la conducción agresiva y que les hace cruzar las calles con el temor de ser atropellado por los reyes del asfalto, cosa que ocurre con demasiada frecuencia.

Circular a 30km/h, por más del 80% de las calles de Madrid, a 20km/h, cuando la acera está al mismo nivel como en Chueca o Lavapiés, permite que los peatones recuperan la prioridad sobre los vehículos y que estos se vean obligados a transformarse.

Los coches eléctricos, y si son compartidos mejor, son el futuro de la movilidad urbana y serán premiados con facilidades de acceso a zonas claves, que quedarán restringidas para los coches viejos, y por desgracia, para los más pobres que no tienen capacidad de acceder a una tecnología que todavía está fuera del alcance de muchos bolsillos, a no ser que el gobierno y la industria apueste definitivamente por las energías limpias y favorezcan la renovación de un parque móvil que ha contaminado la salud de todos.

Con estas medidas se pretende evitar un 40 % de las emisiones de dióxido de nitrógeno, como así lo ha confirmado el combativo grupo de Ecologistas en Acción, que han observado la mejora de la calidad del aire desde que empezaron las medidas, y ha aumentado el trasvase del vehículo privado al transporte público, pues cada vez hay mayor sensibilización hacia las cuestiones de salud y medioambiente, aunque aún queda mucho por hacer para que ese transporte público disuasorio sea suficientemente eficaz y haga más fácil a los que no pueden subirse al carro de lo eléctrico acceder a los servicios de las ciudades y no se queden excluidos, sino sean los protagonistas voluntarios de una cultura del cambio.

Beatriz Calvo
Directora de EcocentroTV

www.ecocentro.es

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