Antes de que el alma cayese en el olvido, antes de su separación con el Uno, con Brahmâ, con el Gran Espíritu, con el Tao, con Dios, o como queramos llamar a ese principio superior origen de todas las cosas, la naturaleza era un libro abierto lleno de símbolos que reflejaban la elevada belleza, la profunda sabiduría y las infinitas posibilidades de existencia de su Autor.

El hombre era una de esas posibilidades de existencia, y ocupaba una posición central en este maravilloso cosmos, era una ventana abierta, un pontífice que tendía puentes entre la divinidad y la naturaleza, a través de él cada cosa era nombrada in divinis, el sabía el nombre de todo lo creado y lo relacionaba con sus arquetipos celestiales. Todo estaba unido en un tejido sagrado lleno del más alto significado. El águila era una manera perfecta de orar en el aire alabanzas al creador, las alta montañas un mensaje de majestad, el oso era una pantalla donde podía brotar como una fuente el secreto de la Fuerza, la pantera el espejo donde atisbar el arquetipo de lo invisible. Todo hablaba de Dios y el hombre leía Sus signos en el horizonte.

Luego todo se hizo opaco y el hombre dejo de ver a Dios en todas partes. El hombre se reveló contra el Cielo y se produjo una escisión en su mente entre las leyes de la naturaleza y los principios espirituales y ya sin unión con el Alma del Mundo, la Naturaleza fue profanada, saqueada, desfigurada, violentada, y con cada especie que se extinga desaparecerá una manera única de adorar al Creador de la existencia, un canto que dona secretos a nuestro espíritu, y con cada río que contaminamos acallamos la música perfecta del cielo cuando baja a fertilizar la tierra. Cada árbol que muere, muere una presencia beatífica portadora de una gracia. El hombre occidental ha perdido el Centro y en su profunda ceguera está destruyendo el mapa de regreso a Casa. La crisis medioambiental es la crisis espiritual del hombre moderno, es el último capítulo de una manera profana de ser en el mundo. Pero hasta este capítulo está diseñado por el arqueómetra divino con una ejecución perfecta de una de sus leyes, la muerte de lo viejo precede al nacimiento de lo Nuevo, y se nos ha prometido un nuevo ciclo donde el cosmos se revelará otra vez como una maravillosa y deslumbrante Teofanía.

Beatriz Calvo Villoria
Directora EcocentroTV, Ariadna TV, y el blog Ecología del Alma.

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