Conocí a Renaud hace años en la Sierra de Gata, un espacio privilegiado que compartimos como uno de nuestros lugares en el mundo. Él de Francia, yo del norte recalamos con proyectos  y un amor a la tierra, a la ruralidad, como forma de vida acorde a los tiempos naturales, sin un exceso de artificio tecnológico que nublase la mirada a la realidad profunda de lo que un ser humano es y a cultivar la reflexión sobre lo que acontece en el mundo.

Formaba parte de “Los Amigos de Ludd” un colectivo crítico con las derivas progresistas aduladoras de una ciencia que promete salvarnos a todos de las consecuencias que causan sus propias locuras tecnocientíficas y sacamos algunos de sus libros y boletines en la revista AgendaViva que yo coordinaba en aquel entonces. Nos unían, pues, pensamientos, palabras firmes para expresarlos y un amor a la vida sencilla.

Hace años que no le veía y le volví a encontrar  hace unas semanas en la Cantina Silvestre, un proyecto cultural amarrado como un barco a la orilla de un río, por donde muchos de los nuevos pobladores de esta sierra recalan con los autóctonos para compartir, cultura, música, comida, conciertos, exposiciones, teatros y juegos.

Y aquí entra el nuevo proyecto de Renaud y Antonio González : Pillastres, que con solo el nombre ya uno rememora la alegría de saltar a la comba, a la rayuela empujando la piedra con el pie en equilibrio, las risas, el recuerdo de que jugábamos como aprendizaje y poníamos en juego todas nuestras facultades.

Juegos hechos de tableros y reglas que obedecían a principios, como el parchís, que desplegaba, tarde a tarde, jugando con los hermanos, la ciencia de los cuatro elementos; tableros donde se cocinaba la alquimia de lo simbólico, que reúne lo que está separado. Donde aprendíamos, como en la Oca, que todo termina en el centro, que unifica, el quinto elemento, el éter, el que salva, después de un camino arduo donde muchas de las imperfecciones se iban mostrando en las pruebas del pozo, la posada, el laberinto, la muerte.

Allí estaba Renaud y Antonio, con su ludoteca trashumante, animando a los pueblos, que van perdiendo las joyas de su corona, la infancia, con tableros de mesa para jugar, juntos, niños, mayores , abuelos, reunidos como antaño, celebrando sencillamente la vida con el asombro sencillo ante una ficha que rueda hasta su agujero, su centro.

Os dejo la entrevista que no tiene desperdicio por como lo aparentemente sencillo habla de la unidad que todos buscamos recobrar.

¿Qué es una ludoteca trashumante, desglósanos sus etimologías, sus significados?

Nuestra ludoteca se define como trashumante porque se propone llevar el espíritu del juego de un lado a otro, de pueblo en pueblo, en continuo movimiento, como si de una corriente de aire refrescante se tratase. No somos de ningún lugar, aunque afincados en las humildes tierras de Extremadura –país, cómo no, de la trashumancia! Donde nos llaman y nos acogen, aparcamos el carro y creamos un espacio abierto para el disfrute de todos. Guiñando a Hobbes, nos gusta pensar que Homo Homini Ludus.

¿Jugar es cosa de niños?

Desde luego el juego, o mejor dicho jugar, es la primera condición que compartimos todos. Y empieza en la infancia. No es propio de la especie humana, aunque en su caso, el tiempo de la infancia se prolonga de sobremanera, como no ocurre en ninguna otra especie. El hombrecito, al nacer y durante los primeros años de su vida, está sobreprotegido y apartado de toda preocupación material. Ese estado de inocencia y ociosidad es su primera experiencia vivencial con el entorno, y a través de él que aprende. Experiencia que se pierde en la edad adulta cuando el principio de realidad es más apremiante. Pero es bueno a veces recordar nuestra primera vivencia, despertar al niño que tenemos dentro, porque nos ayuda a desbloquear emociones, a ensoñar con lo real. Por ello quizás nunca se apaga en nosotros la llama del juego, y nos gusta tanto avivarla de vez en cuando.

¿De dónde surge este proyecto, cuáles son sus raíces?

En 2013 nace la escuela libre de carpintería de Villasbuenas de Gata gracias a la iniciativa de dos carpinteros jubilados y al apoyo del ayuntamiento de dicho pueblo ofreciendo local e infraestructura. Nosotros fuimos aprendices en esa escuela durante sus dos años de vida. Nuestra  asociación nace pues del amor por la carpintería, del deseo de encontrar un medio de vida en un entorno rural, y por supuesto, del entusiasmo por compartir nuestra pasión por los juegos y la pedagogía cooperativa.

¿Cuál es la importancia del oficio artesano, como la carpintería?

La producción artesanal es hoy en día una cosa residual frente a la producción industrial. Son dos visiones del mundo diferentes, dos maneras de relacionarse con el entorno, de entender las relaciones humanas, dos modelos distintos de habitar el territorio, de dar contenido al trabajo humano.

La industrial es una producción de masas dirigida a un mercado abstracto, con un fuerte componente burocrático en su afán de estandarización de los procesos; considera el territorio como una fuente de recursos que explotar, mercantilizar; hace lo mismo con la fuerza de trabajo. En cuanto a la producción artesanal, digamos que en su forma ideal, se caracteriza por una relación más estrecha, de cercanía, con su entorno metabólico y social. Habita el territorio de manera más orgánica, participa de la constitución material y cultural de lo que solemos llamar un paisaje. Para nosotros, reivindicar el oficio artesano es ante todo defender la posibilidad de vivir plenamente en el medio rural.

En cuanto a la carpintería, aunque por supuesto nos queda mucho por aprender antes de considerarnos como tales artesanos, diríamos que ofrece un abanico de experiencias y sensaciones inigualables. El trabajo manual te adentra en el mundo de las cosas, te obliga a redefinir los límites de la actividad humana, a la vez que te ofrece satisfacciones psíquicas como la autoestima, la autonomía y la responsabilidad por el hecho de realizar un trabajo directamente visible por los demás.

El filósofo y mecánico estadounidense Matthew B. Crawford tiene en su libro Con las manos o con la mente páginas esclarecedoras al respecto. Invitamos a vuestros lectores en indagar en ellas[1].

¿Qué es lo que enseña el juego a adultos y niños y cuál era su función en las sociedades rurales y/o tradicionales?

Acercarse a la historia del juego y su importancia en la cultura humana, es adentrarse en un bosque de complejas significaciones. En ciertos casos, puede estar relacionado el juego con una simbología mágico-religiosa, en otros, entenderse como un momento de resolución de los conflictos de la comunidad o de sublimación de la violencia entre sus miembros, o simplemente como una manifestación lúdica de la convivencia. En todo caso, participa de un entramado socio-cultural. Incluso hoy, en nuestras sociedades modernas, en las que la función del juego está muy desvirtualizada, la manera de jugar es el reflejo de cómo vivimos y de la sociedad en la que vivimos.

En cuanto a lo que enseña el juego a las personas, digamos que ese mismo planteamiento es muy propio de nuestra época en la cual el juego ya no se presenta como el fruto de un contexto sino como pretexto para la diversión o la educación. Sin duda es difícil romper con esa visión; y nosotros, desde Pillastres, no es nuestra pretensión, aunque intentamos hacer propuestas lúdicas novedosas. La primera de ellas es la apuesta por la convivencia intergeneracional. Nuestros juegos tienen el atractivo tanto de lo tradicional (muchos toman prestado de juegos del pasado) como de lo novedoso o desconocido (otros muchos son de creación nueva o de otros países). Por lo tanto, ancianos como chavales pueden recrearse con ellos.

La segunda propuesta es la propiamente educativa. El juego da pie al fomento de muchas cualidades humanas y habilidades físicas y cognitivas. Nosotros diseñamos proyectos  pedagógicos en acorde con las expectativas de quiénes nos acogen (centros educativos, asociaciones culturales). Tenemos un especial enfoque hacia la pedagogía cooperativa aunque no desdeñamos en absoluto los juegos competitivos; algunos de los juegos de mesa y de estrategia que hacemos lo son, y no por eso dejan de tener un interés educativo. No cedamos a la ideología del momento, y sepamos abarcar toda la riqueza que puede ofrecer la tan diversa cultura lúdica.

Otro propósito que significa mucho para nosotros es el de ofrecer un espacio de juegos artesanos de madera cuya estética y sencillez pueda apreciar la gente (y especialmente los jóvenes). Si con ello pudieran redescubrir lo fácil y placentero que es jugar y darse cuenta que no hace falta todo un enrame tecnológico para pasárselo bien, quedaríamos muy satisfechos.

¿Juegos nuevos, juegos de distintos países, cada juego tiene una gramática o hay algo universal en el que se trasmiten valores similares?

Lo asombroso de los juegos es la facilidad con la cual se desprenden del marco cultural determinado en el cual nacieron y cómo se trasladan y cuajan en el imaginario de cualquier sociedad. Por eso quizás podemos afirmar que tocan una fibra esencial de la condición humana que alude a ese primer periodo que es la infancia, del cual hemos hablado antes. Pero también el juego pertenece a este universo específicamente humano que es el lenguaje simbólico. El juego es una de las muchas mediaciones que inventó la humanidad para lidiar con la realidad.

¿Qué se pierde si perdemos el juego tradicional?

Quizás resulta duro decirlo pero la sociedad tradicional, al menos en Occidente, ha desaparecido. El juego tradicional como tal es pues un recuerdo, fruto de un necesario esfuerzo patrimonial. Debe ser objeto de la memoria colectiva. Su “reactivación” en el presente solo puede entenderse desde una perspectiva de resistencia a la hegemonía actual del ocio sumamente tecnificado.

¿Juego tradicional vs juego tecnológico?

Lo que está en juego, no es ni más ni menos que una relación con el mundo. El mundo de las personas, el mundo de las cosas y el mundo natural. Ahora bien, el juego tecnológico ofrece un acceso al llamado mundo virtual que bombardea de sus múltiples estímulos al individuo que poco a poco pierde su capacidad de atención al mundo circundante, y se encierra cada vez más en un confort desencarnado y narcisista. Huye del mundo material, de las relaciones en persona, de la apremiante necesidad (y libertad) de situarse en el mundo. Lucha contra la condición humana, y sueña, a la manera de los transhumanistas (apologetas del hombre-cyborg), con un mundo sin dolor ni muerte, en perfecta fusión con las maquinas. En realidad, toda nuestra sociedad tecnológica participa de ese desprendimiento de lo real, de ese nefasto empobrecimiento de la experiencia humana.

¿Creéis que esa pérdida es la consecuencia de una decadencia en el sentido de lo humano, de nuestras sociedades, de nuestra cultura en general?

Es ante todo el resultado de un largo proceso histórico que se corresponde con el advenimiento de la sociedad industrial que representó una mutación antropológica sin precedentes por su amplitud y el relativo corto tiempo de su desarrollo (apenas dos siglos). En cuanto a hundimiento, no podemos ser muy optimistas; sin duda queda mucho por ver. Sin embargo, tampoco nos podemos complacer en el pesimismo catastrofista. Vale la pena poner nuestro grano de arena en los engranajes de la megamaquina.

Habláis de romper las barreras intergeneracionales, ¿creéis qué es posible en el mundo en el que la brecha es cada vez mayor entre analfabetismo digital y superempacho tecnológico?

La brecha es relativa ya que muchos mayores se empeñan a imitar a los jóvenes en su afán tecnológico. Sinceramente, ¿cuantas personas, sea cual sea su edad, no tienen móvil hoy? Más bien poca. Al contrario parece que hay un desenfrenado entusiasmo por abrazar lo último de la vida high tech, una desmesurada avidez por consumir sus imparables inventos. Y la mecánica de la costumbre y el tiempo hacen el resto.

Poco a poco nos olvidamos de cómo jugábamos de pequeño, nos olvidamos de nuestro deber de transmisión cultural. Y de herederos nos volvemos huérfanos. Pero no quisiéramos terminar esa entrevista en un tono pesimista. La experiencia nos enseña que cuando llegamos a un pueblo un día de fiesta, y que instalamos nuestros juegos en la plaza, la gente se acerca enseguida, curiosa y deseosa de jugar, alegre y emocionada por la generosa sencillez de los juegos. Entonces, jóvenes, ancianos, adultos de media edad comparten un momento de convivencia. ¿Es eso suficiente? ¿Es un encuentro azaroso y efímero que no puede desembocar más allá?  ¿O es una oportunidad para replantearse nuestro compromiso con el mundo?

¿Qué ofrece Pillastres, cuáles son sus formatos? Sólo son juegos de madera o hay otras propuestas lúdicas?

Pillastres ofrece diferentes actividades. Una es la de crear un espacio con los grandes juegos de madera durante algún evento festivo (fiestas patronales, mercados medievales, comuniones, etc.). Otra es la de llevar esa propuesta a los centros educativos, completándola con juegos cooperativos.

También ofrecemos un taller de construcción de juegos de madera para que los jóvenes tengan un contacto con el trabajo manual tan minusvalorado en la enseñanza actual. Luego tenemos propuestas para públicos más específicos como la gente mayor viviendo en residencias o personas con dolencias psíquicas o físicas. En este ámbito, trabajamos con una trabajadora social que nos ayuda a diseñar juegos apropiados y adaptados para la estimulación de ciertas habilidades. Por fin, proponemos veladas de juegos de mesa para albergues, casas rurales, camping… La verdad es que a través del juego podemos alcanzar muchos aspectos de la vida humana, y parecen infinitas sus posibilidades.

¿Qué valores hay que tener para salir adelante en un mundo rural que se desmorona?

Valor, sencillamente. Buen timón. Y una fuerte dosis de humor que ayuda a mitigar los fracasos que puede sufrir el entusiasmo frente a la realidad del mundo rural.

¿Puedes proponernos un juego a los lectores para jugar en familia o con amigos?

Un juego cooperativo que no precisa de ningún tipo de objeto. Para una familia numerosa o un grupo de amigos. Los jugadores (un mínimo de 6 personas) forman un círculo donde están hombro con hombro, mirando hacia el centro. Todos extienden los brazos hacia delante. Cada uno coge una mano para cada mano suya. Cuidado: dos mismos jugadores no se pueden coger las dos manos. Una vez hecho el nudo, los jugadores intentan desenredar el nudo sin soltarse las manos.

[1] Señalamos que en el n°7 de la revista Raíces, titulado “Manoseando el pensamiento”, se puede encontrar unos comentarios sobre el libro de Matthew Crawford que son una buena introducción a su obra. El libro de Crawford está editado en España por Empresa Activa.

Vídeo sobre la alegría del juego en Villasbuenas

Para contactar con ellos 

Pillastres

pillastresludoteca@gmail.com

927.672.044 / 648739362

 

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