Que la vida es un sueño y los sueños, sueños son

Un amigo me contó que es posible intervenir en los sueños y transformarlos. Si te das cuenta de que estas soñando, puedes tomar decisiones a voluntad y cambiar su curso. En realidad no me pareció muy interesante en ese momento, de hecho le pregunté por qué invertía tiempo en eso. De la conversación me quedé con dos maneras de despertar en el sueño; mirar la hora, ya que en sueños no es posible, o tratar de contar los dedos de la mano, porque nunca hay 5. Esa misma noche, para mi sorpresa, pude hacerlo.

Mi sueño era más bien una pesadilla, estaba en la ciudad y vi a unos chavales tirando cascos desde lo alto de un edificio a la calle causando accidentes. Recuerdo el miedo que sentí, la inseguridad y la frustración. Entonces, fui consciente de la posibilidad de que fuera un sueño. Miré a mi muñeca en busca del reloj y no lo encontré. Después intenté contar los dedos de la mano, y con muy poca nitidez conté 4, luego 6… ¡Estoy soñando! Me dije. ¡Puedo hacer lo que quiera! Y entonces subí por la fachada del edificio al estilo Spiderman, y al llegar a la terraza, les pedí a los chicos que pararan, y así lo hicieron. A continuación me vi en otro sueño, estaba en un ascensor cuando empezaron los temblores de un terremoto, surgió el pánico, pero en ese instante, recordé que estaba soñando, y con una carcajada de intensa alegría les dije a todos los del ascensor, “¡No os preocupéis!, ¡Estamos en mi sueño!, ¡No puede pasar nada!” Y abrí las puertas del ascensor, que estaba alto, y dije; “¡Volad!, ¡Disfrutad!” Y salí volando yo también. Esa fue mi primera experiencia de vuelo en sueños, un placer.

Fue liberador pasar de la indefensión a tener todas las posibilidades de acción disponibles. El ingrediente nuevo fue la conciencia. La conciencia en pleno sueño de que era mi sueño, es decir, mi creación.

¿Dónde había estado la conciencia hasta entonces? ¿Es que ella también se va a dormir y nos abandona a merced de las circunstancias? La conciencia está siempre ahí, oculta tras el entretenido o incomodo sueño, también el de nuestras vidas, al que llamamos realidad. Darse cuenta es despertar a un espacio de mayor amplitud, el de la conciencia, que todo lo abarca y sin embargo está libre de todo. Es tener en cuenta ese espacio que nos rodea siempre, un espacio amable y acogedor. Lo que nos pasa puede ser duro, exigente y difícil, pero está siempre en brazos de esa conciencia, amable y acogedora.

El Neurólogo, Psiquiatra y Filósofo Viktor Frankl, que sobrevivió a varios campos de concentración dijo al respecto, “Entre estímulo y respuesta hay un espacio. En ese espacio reside nuestra capacidad de elegir la respuesta. En la respuesta yace nuestro crecimiento y nuestra libertad”. Él no pudo elegir sus circunstancias pero sí la respuesta. Eligió vivir con un amor capaz de transformarlo todo. Esta es la invitación de la conciencia.

Gabriela Rdz. de Miguel Heredia

Escuela de Meditación Ecocentro

www.ecocentro.es

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