Los sistemas médicos integrales tradicionales siguen curando a una gran parte de la población mundial, pues no hay que olvidar, que millones de personas en el planeta son tratadas habitualmente por métodos diferentes a la medicina convencional occidental y que paralelamente, cada vez más, se utilizan también en los países occidentales.

La Medicina tradicional china se la considera una de las formas más antiguas de medicina. Sus orígenes se pierden en el tiempo y, como toda medicina tradicional, se ocupa del individuo de forma integral, como un ser único e indisociable, procurando su bienestar físico, psíquico y espiritual.

Es una medicina que pone el acento en la prevención; se cuenta que antaño sólo se pagaba al acupuntor mientras se conservaba la salud, entendiendo ésta no como la ausencia de síntomas, sino también como la presencia de un estado vital y dinámico de bienestar físico.

Sus principios fundamentales están basados en el estudio de los cinco elementos naturales y sus correspondencias con el ser humano, y en el yin y el yang, dos conceptos dialécticos que representan la bipolaridad o dualidad del universo y todo cuanto hay en él; dos fuerzas aparentemente opuestas pero complementarias que definen el grado de equilibrio de todas las cosas.

Mientras el yang simboliza lo masculino, lo positivo, el día, lo luminoso, el fuego, etc., el Yin simboliza lo femenino, lo negativo, la noche, lo oscuro, el agua… Estos principios y fuerzas construyen un sistema de cinco elementos extraordinariamente coherente que como dice Yves Requena, médico occidental y especialista en medicina china, «funciona de una forma tan justa y tan precisa que suscita entusiasmo y convicción en la mayoría de los que lo conocen». Por eso esta medicina es cada vez más universal.

«Se trata de una ciencia médica, de un sistema médico de salud, con una experiencia propia, con una etiología, un sistema de diagnóstico y unos tratamientos y herramientas terapéuticos propios, que en nada se asemejan a los de la medicina alopática, denominada también medicina occidental, salvo en que ambos tienen un mismo fin: mejorar y restablecer la salud y prevenir la incidencia de enfermedades». Carlos Llopis, profesor de la Escuela Superior de Medicina China y Secretario de la Fundación Europea de MTC

Y continua diciendo «El campo de acción de la MTC, es muy amplio, pues su acción no se basa en una patología concreta, sino en restablecer el equilibrio que se ha roto en el organismo por la presencia de la enfermedad. Ahora bien, siempre se ha de valorar la capacidad de acción de la MTC, pues en muchas ocasiones es mucho más efectiva la medicina alopática que la MTC; o puede ocurrir también que la combinación de ambas pueda ayudar en gran medida al restablecimiento del enfermo. Tal vez los usuarios que demandan más esta medicina sean los que se encuentran afectados por problemas reumatológicos y depresivos, aunque también se suelen demandar sus soluciones para resolver trastornos ginecológicos, digestivos, etc».

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Entre las ventajas de la medicina china destaca su preferencia por métodos poco invasivos, haciendo énfasis en la nutrición y en la relación cuerpo-mente; desarrolla, entre otras muchas correspondencias llenas de sabiduría y sutileza, propia de este misterioso pueblo, una teoría de los agentes patógenos internos, que vienen a ser los sentimientos que alcanzan un determinado umbral de intensidad: por ejemplo la cólera en demasía afecta al hígado; la alegría, al corazón; la reflexión o preocupación, al bazo; la tristeza, a los pulmones y el miedo a los riñones.

Con esta cartografía médica tan completa los chinos aprendieron a vivir en armonía con lo que les rodea, a escuchar sus propios ritmos interiores y a cultivar la alegría de vivir.

Dice Yves Requena que «la medicina china es como una animal mítico de varios tentáculos, múltiples disciplinas independientes y a la vez complementarias que proceden de la misma concepción ancestral del hombre y de la naturaleza en la que vive». Vamos a considerar dos de las más conocidas en Occidente.

Acupuntura

La palabra china para «acupuntura» significa literalmente «aguja de fuego». Una aguja que busca determinados puntos del cuerpo llamados tsing, (que significa pozo, porque eran concebidos como pozos energéticos o concentraciones de energía) y que están distribuidos por toda la superficie cutánea constituyendo verdaderos mapas topográficos.

Estos puntos están unidos por los meridianos —canales por donde fluye el qi, (energía vital)—, que constituyen una complicadísima red de circuitos energéticos que cubren la totalidad del cuerpo y que según los tratados médicos clásicos incluyen nervios, vasos sanguíneos y sistema endocrino. Correspondiéndose cada uno de ellos con los órganos más importantes del cuerpo humano: corazón; riñones; vejiga; sistema cardiovascular; hígado y vesícula biliar; pulmones; intestinos; bazo y páncreas; vasos de la concepción, gobernante y triple concepción.

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Para la MTC cualquier disfunción de un órgano se traduce en un gran estancamiento tanto en la energía como en la sangre. Las agujas permiten que el estímulo nervioso provocado regule el funcionamiento de los órganos, bien drenando, dispersando o tonificando la energía, bien reforzando los elementos antipatógenos, a la vez que eliminando los factores patógenos. «Los meridianos establecen la comunicación entre lo interno y lo externo y se encargan de la circulación de la sangre y la energía», según postula la teoría tradicional.

Occidente ha aceptado la sabiduría del imperio celeste y cada vez está más extendida su práctica, incluso en hospitales, pues por su mecanismo de acción y sus efectos se pueden utilizar dentro de un sistema de diagnóstico y tratamiento alternativo o de forma integrada con la medicina convencional. En Austria la seguridad social lleva años costeando los tratamientos con acupuntura para dolores crónicos de cabeza y dolores reumáticos.

En este momento se considera probado que la acupuntura tiene valor clínico potencial para náuseas/vómitos, dolor y algunas pruebas limitadas sugieren su tratamiento potencial para la depresión, el insomnio y la dificultad respiratoria, pero la falta de pruebas no significa falta de eficacia.

En China, sin embargo, hay miles de estudios sobre la eficacia de la acupuntura, investigaciones sobre sus formas de acción, y exploraciones de los resultados terapéuticos sobre las enfermedades.

En Occidente, salvo en Estados Unidos, donde se traducen las obras médicas chinas, van apareciendo estudios preclínicos que documentan los efectos de la acupuntura, pero aún no han sido capaces de explicar plenamente cómo funciona la acupuntura dentro del marco del sistema de medicina occidental. Proponen que la acupuntura produce sus efectos por la conducción de señales electromagnéticas en una proporción más alta de lo normal, ayudando así a las sustancias bioquímicas inhibidoras del dolor, como endorfinas y células del sistema inmunológico en lugares específicos del cuerpo.

Además, los estudios han mostrado que la acupuntura puede alterar la química del cerebro, cambiando la liberación de neurotransmisores y neurohormonas y afectando a las partes del sistema nervioso central relacionadas con la sensación y con las funciones involuntarias del cuerpo, como las reacciones inmunes y los procesos por los que se regulan la presión sanguínea, el flujo sanguíneo y la temperatura corporal.

Científicos como Fritjof Capra o el astrofísico Hubert Reeves, reconocen que el pensamiento chino sobre la materia está de acuerdo con las teorías científicas más avanzadas, y gracias a las técnicas actuales como la electronografia, se ha podido verificar la existencia de puntos y meridianos, constatándose que hace 5.000 años, cuando los chinos elaboraron el método, no cometieron ningún error.

Parece que la ciencia occidental se va despertando de un sueño mecanicista y materialista para avanzar lentamente hacia otros paradigmas que tímidamente corroboran muchas de las teorías fundamentadas en otro tipo de ciencia, la tradicional, que posee desde hace miles de años certezas sobre lo que es el hombre y el cosmos.

La acupuntura está indicada en el tratamiento y en la prevención de dolores de cabeza y de espalda; el estrés, la artrosis y los problemas metabólicos son dolencias frecuentemente tratadas con este método, al igual que la obesidad, la hipertensión o la diabetes. Demuestra su eficacia en todas las patologías que causan dolor y, en general, en todas las dolencias crónicas no degenerativas, como la ansiedad o los trastornos alérgicos, respiratorios y digestivos. Es un buen método para dejar de fumar, y para terminar con la adicción al alcohol y las drogodependencias.

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Beatriz calvo Villoria

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