SOLIDARIDAD CONSCIENTE

Serie: Humanidad en Transición.

Por el equipo de Ecocentro

Viernes 24-04-20

No es precisamente la inteligencia individual o la especial habilidad para usar y construir herramientas, lo que nos distingue de las demás criaturas vivas, sino nuestra inteligencia social, nuestra capacidad de organizarnos socialmente.

Somos  la especie que ha potenciado, de forma especial, dicha condición. Estamos programados genéticamente para ello pero, a diferencia de otras especies, en nuestra programación se da la capacidad de elegir; escogemos conscientemente ser sociales. Disponemos de una  compleja capacidad de hablar, dotada de un lenguaje y una escritura que nos permite  comunicar  ideas y, esos aspectos, potencian dicha sociabilidad y la hacen más consciente.

Resulta por tanto incoherente  interpretar la vida humana, social y económica desde la competencia y el egoísmo, cuando es precisamente nuestra capacidad para cooperar  lo que nos puede proporcionar fortaleza. Una biología “sensata” nos muestra que no es la competencia agresiva lo que nos conforma, sino la cooperación. Se nos dice también que los juegos están basados en la “máxima competitividad” y que, lo importante, es ganar al otro, pero resulta curioso observar que muchos juegos están basados en el trabajo de cooperación del equipo.

El ser humano es, por tanto, básicamente cooperativo y noble.
Nuestro yo intuitivo es mucho más amable y está más preocupado por el bien general, que nuestro yo pensante aunque es evidente, que la  colaboración y la sociabilidad favorecen claramente la supervivencia, más que el egoísmo individualista. No podemos vivir sin los demás.
Si lo más genuino de la naturaleza humana es la bondad y la cooperación, el mundo tendría que ser distinto
. Pero los humanos tenemos, por desgracia, dos caras,  en diferentes proporciones. El problema puede encontrarse en que hemos orientado esfuerzos en  apoyar y extender teorías equivocadas sobre el egoísmo como algo natural y como la ley fundamental del comportamiento humano con la consecuencia de que los grupos sociales, pequeños o grandes,  no están diseñados para el bien de todos, sino solo para el beneficio de unas pequeñas élites.

Así, las teorías que se extienden sobre el egoísmo se convierten en pura propaganda al servicio de intereses minoritarios que se erigen como dominadores mayoritarios. Y como consecuencia de todo esto, “el efecto global» de dicha propaganda  es crear y reforzar  una visión del mundo basada en una idea de la realidad que es completamente materialista y que da por sentado que los seres humanos están en una  categoría diferente del resto de seres: Que todo, incluyendo a las demás criaturas, son solo un recurso, que se debe convertir en un producto que se puede comprar y vender. Como consecuencia de ello los seres humanos, en general, necesitan que se les mantenga bajo el control de una élite  política  que solo trabaja para sí misma.

Lo que se contradice con esas creencias es presenciar que en momentos críticos, como los que estamos viviendo, la solidaridad y el altruismo brotan sin apenas esfuerzo. Es entonces cuando se muestra y demuestra esas capacidades genuinas del ser humano. Se olvida de sí mismo, se pone en el lugar del otro y sin dudarlo, nace el impulso de ayudar, de cooperar. Se deja a un lado la búsqueda egoísta del propio interés, que ve a los demás como enemigos reales y potenciales. Esta relación de ofrecer ayuda, de ponerse a disposición del otro, ofrece una enorme felicidad. Una felicidad que desprende el aroma de lo que realmente en esencia somos. Al poner al servicio del grupo nuestras capacidades y talentos simultáneamente  brotan unos grandes chorros de creatividad. Pueden suceder cosas que antes eran impensables. Las leyes de la lógica de nuestra mente pensante se rompen, se superan.

Qué nos impide entonces relacionarnos siempre desde ese lugar. Qué obstáculos se nos presentan para poder hacer de esas actuaciones no excepciones, limitadas a momentos críticos, sino acciones cotidianas que pasen a formar parte de nuestro diario vivir. Si no somos capaces de implantar las bases de la cooperación la estrategia egoísta, separatista  y agresiva se irá extendiendo de tal modo que acabará por destruir a toda la humanidad. Nuestra preferencia ha de ser la extensión del comportamiento cooperativo, advirtiendo que el ser humano tiene la responsabilidad de elegir cómo comportarse y cómo construir su sociedad: o bien sobre la lógica del egoísmo o sobre el altruismo y la solidaridad.

Observar y aceptar que “el universo (o más específicamente, la Tierra) plantea una variedad de retos que las criaturas vivientes tienen que acometer si queremos seguir viviendo”. La existencia necesita de un diálogo, no un enfrentamiento, entre los seres vivos y su ambiente. Si consideramos  la idea de una consciencia universal, entonces podemos decir, en mayor medida, que las mentes receptivas buscan participar directamente de esa conciencia. Esta visión nos aporta una comprensión global del todo; nos sitúa,  en consonancia con la visión de que la vida y el universo son esencialmente cooperativos. La vida es cooperativa y la sociabilidad en las criaturas pensantes puede funcionar apoyada en la empatía, la generosidad y el altruismo. Todo ello nos lleva a una actitud de humildad y de reverencia ante la biosfera y ante el conjunto del universo, que nos abre al misterio y a la dimensión trascendente de la realidad. La reverencia ante lo inexplicable que implica amor y gratitud, un deseo de formar parte de esa naturaleza y de ese sentido  de trascendencia.

Desde ahí podemos contribuir a que nuestra sociedad cambie, que seamos capaces de diseñar nuevos sistemas políticos, económicos y éticos, que sean reflejo de nuestro descubrimiento interior, y por ello de una nueva forma de relacionarnos. Una visión de la realidad impregnada por la apertura ante el misterio y la magnitud de la Vida puede traernos un nuevo renacimiento para nuestras sociedades. Un estilo de vivir en el que se implante el talante cooperativo, altruista  y solidario pero de forma consciente, desde el descubrimiento de nosotros mismos realizado desde nuestra introspección.

 

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